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LIBRO:
HISTORIA DEL CUERPO DE MAQUINISTAS DE LA ARMADA << link
De Carlos Bonaplata Requeijo
ARTICULO PUBLICADO EN LA
REVISTA GENERAL DE MARINA, NOVIEMBRE DE 2000.
"EL ALMIRANTE
DON AUGUSTO MIRANDA Y GODOY,
EN LA HISTORIA NAVAL DE ESPAÑA ."
"Dichoso
aquel que recuerda a sus antepasados
con
agrado, que gustosamente habla de sus
acciones y de su grandeza, y que serenamente
se alegra
viéndose al final de tan hermosa fila"
(Goethe)
JAIME ANTON VISCASILLAS.
Esta es la foto más antigua de Augusto Miranda,
aspirante de la Armada, alumno de la Escuela Naval Flotante, a bordo de la
Fragata Asturias, en Ferrol. Año 1871.
Se
cumplen ochenta años de la muerte del Almirante don Augusto Miranda y Godoy (1855-1920),
figura insigne de nuestra Historia Naval, jefe de gran inteligencia y
prestigio, que destacó como hombre de ciencia y que fue, como Ministro de
Marina, verdadero artífice del resurgir de la Armada en el primer cuarto de
siglo, tras el Desastre de 1898.
Ochenta
años es tiempo propicio como aniversario para recordar de nuevo su relevante y
señera personalidad, y sirvan por ello estas líneas para cumplir ese propósito,
que hago con la mayor ilusión y legítimo orgullo de “ius sanguinis” y porque es
noble tradición en la Armada honrar la memoria de nuestros antecesores más
antiguos en el escalafón. Como bien rezan las Reales Ordenanzas, el homenaje a
los héroes que forjaron y defendieron la Patria es un deber de gratitud y un
motivo de estímulo para la continuación de su obra.
Los primeros años.
Natural
de Archidona, provincia de Málaga, había nacido don Augusto el 27 de mayo de
1855. Muy jóvenes, su hermano Luciano y él deciden hacer de la Armada su
profesión e ingresan juntos respectivamente con los números uno y dos, siendo
nombrados aspirantes por Real Orden de 11 de enero de 1871, formando parte de
la primera promoción de la Escuela Naval Flotante, así denominada por estar
habilitada a bordo de la fragata Asturias, con base en Ferrol, y cuyo director
era el laureado capitán de navío don Victoriano Sánchez y Barcáiztegui, héroe
del Callao (2-mayo-1866).
Luciano
Miranda, brillante oficial de Marina, vería truncada su vida y prometedora
carrera, por su tempr
Por
su parte, nuestro biografiado, tras terminar sus estudios en la Asturias,
es nombrado guardia marina de 2ª clase el 16 de abril de 1872, embarcando a
continuación en la fragata Victoria, que al poco tiempo se incorpora en
Barcelona a la Escuadra, realizando un crucero por España, con objeto de
conducir a S.M. el Rey don Amadeo I a varios puertos del Norte. Posteriormente,
en la fragata Concepción, realiza un viaje de instrucción en redondo a
las Filipinas, y tras numerosos embarques fue promovido a guardia marina de 1ª
clase el 16 de julio de 1875.
Concluidos
sus estudios, es ascendido al empleo de alférez de navío el 27 de mayo de 1876.
En los empleos de alférez de navío y teniente de navío estuvo embarcado en
diversos buques, surcando prácticamente todos los mares del mundo. Desempeñó
múltiples comisiones y destinos a flote, tomando parte activa en acciones de
guerra contra fuerzas insurrectas en Cuba. Fue oficial de derrota y profesor de
guardias marinas en la fragatas Carmen y Blanca, y segundo comandante
del vapor Vulcano y del cañonero Pilar.
Infatigable
estudioso de los más diversos campos del saber, desde muy pronto realiza
investigaciones científicas, siendo autorizado por Real Orden de 1 de junio de
1878 para construir una corredera electro-mecánica en Cádiz, que había diseñado
y presentado a las autoridades, desempeñando esta comisión durante varios
meses.
Entre 1883 y 1888 fue profesor de la Escuela Naval Flotante, publicando sus dos mejores obras científicas, los libros "Lecciones de Cálculo infinitesimal e integral" y "Mecánica racional y aplicada. Principios generales de Mecánica", ambos declarados oficialmente de texto en la Escuela Naval (Reales Ordenes de 23 de marzo de 1887 y 14 de julio de 1888). Serían, asimismo, premiados por la Academia de Ciencias de Paris, y adoptados como manuales de texto, de estudio y consulta en varias academias militares de América, y en otros centros docentes de España y extranjeros.
Al
cesar en su cargo docente en la Escuela y pasar a petición propia a situación
de supernumerario, estableció en el mismo Ferrol, con don Venancio Pérez
Machado y don Ramón Estrada, el Colegio de la Marina, academia preparatoria de
ingreso, por la que pasaron casi en su totalidad ocho o diez promociones de
futuros oficiales de la Armada, de manera que hubo una época en que la mayoría
de sus subordinados habían sido alumnos suyos en la Escuela o en el Colegio,
circunstancia que influyó no poco en la autoridad que nadie le discutía, ni
"sotto voce" en sus mandos de buques.
Vuelto
a servicio activo, en noviembre de 1891 pasó destinado a la Secretaría del
Comandante General del Arsenal de Ferrol; en abril de 1892 fue nombrado segundo
comandante del cañonero torpedero rápido Vicente Yáñez Pinzón; en
noviembre de ese año pasó destinado como profesor de la Academia de Maquinistas
de Ferrol, y sin perjuicio de este destino pasó a ocuparse de nuevo de la
Secretaría del almirante del Arsenal; en septiembre de ese año pasó a ser
comandante del crucero-torpedero rápido Galicia, volviendo después al puesto de profesor de la
Academia de Maquinistas. En abril de 1895 ascendió a teniente de navío de
primera clase (capitán de corbeta), y en marzo de 1896 fue nombrado jefe del 3º
negociado del Estado Mayor del Departamento de Ferrol.
En
esta época fue precursor de la energía eléctrica en Ferrol, llevando a cabo un
estudio técnico y de viabilidad para la
construcción de una central hidroeléctrica en el lugar denominado "la
Fervenza" para el aprovechamiento de aguas del río Velelle (así denominado
entonces el que hoy se conoce como Belelle, en los términos municipales de Neda
y Fene), adquiriendo los terrenos de este sitio y solicitando la
correspondiente concesión administrativa, que le fue concedida por resolución
de 5 de enero de 1894. Aunque un año después desistirá de esta concesión (en 5
de junio de 1895), puso sin duda las bases del posterior aprovechamiento de
este caudal para la obtención de energía eléctrica (explotación que continúa en
la actualidad con la central de Unión FENOSA), y la traída de aguas de este m
Campaña en las Filipinas y mandos navales
posteriores.
Durante
todo el año 1898 fue comandante militar de la Estación naval de la isla del
Corregidor, en Manila, soportando allí los días amargos de la guerra, y, tras
los combates, fue hecho prisionero de los norteamericanos a bordo del crucero Baltimore.
A este respecto, en el interesante libro "Historias de la Historia"
(Circulo de Lectores, 1983) su autor, Carlos Fisas, relata una anécdota sobre
el cautiverio del entonces teniente de navío de primera clase Augusto Miranda
(aunque por error evidente lo sitúa en Cuba en lugar de Filipinas) señalando
que, "tras la heroica resistencia de los españoles, los americanos
enviaron sus botes y condujeron a bordo de sus acorazados y hospitales a
prisioneros y heridos. Entre los primeros figuraba un oficial, Augusto Miranda,
que llegaría a ser almirante y ministro de Marina. Este solicitó desembarcar
bajo palabra de honor, con objeto de atender a su familia que allí residía y
cuya situación no podía por menos de ser muy crítica en aquellos momentos. Se
le concedieron dos horas.
Cuando
había transcurrido poco más de la mitad del permiso, anunciaron a Miranda que
un oficial del barco preguntaba si estaba en casa. Miranda refrenó su cólera a
duras penas: mediando la palabra de un marino español, no podía aceptar que se
pretendiese vigilar su cumplimiento. Pronto tuvo que rectificar.
El
marino americano le dijo, sencillamente: Vengo a traerle su espada. El
comandante no quiere que cruce usted la ciudad sin espada, en una hora tan
concurrida."
Retornado
a España, pasó destinado al Estado Mayor del Departamento de Ferrol y, en julio de 1900, se hizo cargo
de la segunda comandancia del crucero Infanta Isabel. Ascendido a
capitán de fragata en julio de 1901, pasó a ser segundo comandante en la
Comisión Hidrográfica a bordo del aviso Urania, tomando parte muy activa
en el levantamiento de las cartas del Cantábrico. En agosto de 1905 embarcó en
el crucero Cardenal Cisneros como segundo comandante, destacando su
actuación al salvar a la dotación del mismo después de haber chocado contra los
bajos rocosos de Meixedo, en la costa gallega, a la salida de la ría de Muros,
el 28 de octubre de ese año, perdiéndose totalmente. La prensa española al dar
cuenta del siniestro decía: "Gracias a la sangre fría y precisión del
segundo comandante Sr. Miranda, se logró el salvamento completo de la
tripulación"; hecho que fue elogiado por españoles y extranjeros.
En
enero de 1906 fue nombrado Ayudante Mayor del Arsenal de Ferrol, y en esa época
entre otras cosas, lleva a cabo el levantamiento del plano de la cuenca del río
de La Graña. En agosto de 1907 es destinado como segundo comandante del crucero
Princesa de Asturias. En abril de 1908 pasó a ser comandante del
cañonero Doña María de Molina, cuyo mando desempeñó durante dos años,
realizando numerosas misiones en aguas afric
El
18 de abril de 1910 fue promovido al empleo de capitán de navío, y por Real
Orden de 18 de mayo se le nombró para estudiar la organización y sistemas de
enseñanza de las Escuelas Navales de Alemania, Austria, Italia e Inglaterra, países
a donde viajó en compañía del teniente de navío de primera clase don
En
octubre de 1910 fue destinado como Jefe de Armamentos del Arsenal de La
Carraca, cargo que desempeñará tan sólo unos meses hasta marzo de 1911.

Otra foto del Almirante don Augusto Miranda y Godoy, en el antiguo Ministerio de Marina.
Comandante del Crucero "Reina Regente".
Por
Real Orden de 9 de febrero de 1911 fue nombrado comandante del crucero Reina
Regente, cuyo mando tomó en La Carraca el 14 de marzo; se trataba del segundo
crucero de este nombre (el primero sucumbió en un terrible y misterioso
naufragio en marzo de
En
junio de 1911 participó en una de las espectaculares revistas navales
celebradas en Spithead con motivo de la coronación del Rey Jorge V; en julio,
desde Santander dio escolta al yate real Giralda, que llevaba a bordo a S.M. el Rey don Alfonso XIII, hasta
Inglaterra donde éste último participó en las regatas de Cowes, regresando en
agosto.
Durante
su mando del Reina Regente y en compatibilidad con él, por Real Orden de 28 de octubre de 1911, fue
nombrado Vocal de la Junta encargada de redactar el programa, plan de estudios
y reglamentos de la futura Escuela Naval de San Fernando.
En
las postrimerías del año 1912, con motivo de la guerra entre Turquía y los
Estados Balcánicos (Grecia, Bulgaria, Serbia y Montenegro), se temió una
revolución, y por ello se reunió en el Bósforo una nutrida escuadra
internacional que traspuso los Dardanelos y fondeó en Constantinopla, en un
intento de neutralizar el Mar Negro. Formaban parte de la misma numerosos
buques de Alemania, Francia, Inglaterra, Italia, Rusia, Holanda, Rumania y
España.
Por
nuestra parte, la designación del crucero Reina Regente para representar
a España en aquel cónclave naval, como escribió Juan B. Robert en la Revista
General de Marina (en su número de abril de 1945): "no fue hecha al azar
entre los demás buques de guerra disponibles. En realidad, se eligió en
atención a las especiales cualidades de su comandante, el capitán de navío don
Augusto Miranda y Godoy, que en distintas oportunidades había probado sus altas
dotes diplomáticas y además de su conocimiento de idiomas, el de personalidades
e instituciones políticas extranjeras."
Zarpó
el Reina Regente del puerto de Málaga el 7 de noviembre de 1912,
llegando a Constantinopla el día 15, mandado por el Gobierno de S.M., y a las
órdenes del Ministro Plenipotenciario de España fondeó en el Bósforo. El 18
desembarcó la "Columna" para proteger a los extranjeros y las
legaciones. El 28 reembarcaron estas fuerzas sin novedad.
Allí
permaneció durante varios meses. Añadía Robert que:"En una de las
reuniones de almirantes y comandantes que se celebraron, -en ocasiones
escabrosas discusiones entre mandos de potencias que pronto serían
beligerantes-, los términos conciliadores y bien enfocados de don Augusto
facilitaron una solución, acogida con general beneplácito. Éxito que en las sucesivas
originó que los almirantes solicitaran más de una vez la sensata y ecuánime
opinión del capitán de navío español, que prevalecía."
A
estas alturas de su carrera, las singulares prendas de su carácter y dotes de
mando excepcionales que siempre demostró, unidos a una admirable hoja de
servicios pero, sobre todo, su sencillez, bondad y grandeza de espíritu que lo
hacían un personaje sumamente respetado
y querido por todos, otorgaban a don Augusto Miranda una personalidad de máximo
relieve en la Armada, y categoría bien g
Almirante cinco veces Ministro de Marina, 1913-1919.
La
noticia de su promoción al Almirantazgo le llega a don Augusto en
Constantinopla, el 13 de marzo de
Se
abre a partir de aquí una nueva e ilusionante etapa en la carrera de don
Augusto Miranda, en la que llegará a ocupar numerosos cargos importantes y la
más alta responsabilidad de la Armada formando parte de cinco Gobiernos de la
Nación, ostentando la cartera de Marina en los tres empleos del Almirantazgo.
Por
Real Decreto de 13 de marzo de 1913 asciende a contralmirante, con antigüedad
de 8 de agosto de
Durante
su permanencia en Ferrol es nombrado Vocal de la Junta de unificación de
calibres de Artillería para la Defensa de Costas, constituída en el Ministerio
de la Guerra, comisión que desempeña en Madrid durante el mes de mayo.
Por
los motivos expuestos anteriormente y el prestigio verdaderamente internacional
alcanzado al mando del Regente, el nuevo Presidente del Consejo de
Ministros -que así se llamaba entonces
al del Gobierno-, el conservador don Eduardo Dato e Iradier, a instancias de
S.M el Rey don Alfonso XIII, le encarga la cartera de Marina. Jura el cargo y
toma posesión como Ministro de Marina el 27 de octubre de 1913, y pasa a
ostentar también el cargo de consejero de Estado, que en aquella época llevaban
aparejados los Ministros de la Corona. En 1914 sería nombrado, asimismo,
senador vitalicio del Reino, cargo que desempeñará hasta su muerte
Desde
el primer momento se propone llevar a cabo un ambicioso programa de
construcciones navales y un plan completo de reestructuración de la Armada, que
incluía la rehabilitación de arsenales y construcción de nuevas bases navales,
además de la creación del arma submarina, lo que en conjunto suponía una
verdadera reconstrucción con los criterios más modernos.
Pero
antes de presentar el plato fuerte de la que será llamada "segunda ley de
Escuadra", Miranda propuso iniciar las obras de una unidad asislada, un
crucero, de los que tan necesitada estaba la Flota, para dar continuidad a las
construcciones de la Ley Ferrándiz de 7 de enero de 1908, que estaban en curso avanzado
y que comprendían: los 3 acorazados tipo España; los 3 destructores Bustamante;
los 4 cañoneros Recalde; la serie de torpederos de 180 toneladas; y los tres
guardapescas Delfín.
Así
lo decidió el Gobierno a moción del Ministro Miranda, que propuso el tipo de
crucero explorador "scout", según la terminología inglesa de la
época, que constituía una unidad relativamente ligera que sacrificaba su
protección en favor de la velocidad, y lo convertían en un buque altamente
operativo y muy eficaz en la guerra naval.
A
pesar de la gravedad de la situación internacional, un amplio sector
parlamentario de las Cortes se opuso al proyecto que, no obstante, ante el
temor de despidos en los astilleros debido al avanzado ritmo de las
construcciones y la posible inactividad de aquéllos, alguien insinuó en la
oposición que si el buque se destinase a escuela, obtendría la benevolencia
izquierdista. El sector opositor confundió torpemente "scout" y
"escuela", creyendo que significaban lo mismo, y el almirante Miranda
aprovechó sagazmente el equívoco, consiguiendo la aprobación de la Ley de 30 de
julio de 1914, que autorizó su construcción. Así nació el crucero explorador Reina
Victoria Eugenia, construído en Ferrol, cuya quilla se arboló el 31 de
marzo de 1915 y fue botado el 21 de marzo de 1920. Este buque tendría una larga
vida, siendo posteriormente rebautizado, a causa de las vicisitudes políticas,
con los nombres de República y, después, Navarra.
Por
otra parte, don Augusto, como buen profesional que era, veía claramente el gran
desarrollo que las flotas militares del mundo entero estaban experimentando
desde la aparición del acorazado Dreadnought en 1906. Y cómo los
submarinos iban g
Hechos
los correspondientes estudios, Miranda presentó un programa de nuevas
construcciones que tendría que ser una continuación del de 1908, y que será
conocido como Primer Plan Miranda. Este proyecto, aprobado por Real Decreto de
29 de abril de 1914, fue presentado y leído en las Cortes, aunque Miranda
decidió retirarlo antes de su discusión para modificarlo radicalmente en vista
del estallido de la guerra europea en agosto de ese año. Este proyecto de ley
“non nata”, además de otras construcciones navales y obras, ya preveía la de
seis submarinos.
La
conflagración europea que poco después degeneró en guerra mundial, y la
prudencia más elemental aconsejaba no emprender la ejecución de un plan tan
vasto de nuevas construcciones, cuando se esperaba que el curso de los
acontecimientos, recogiendo las enseñanzas prácticas de la guerra en la mar,
operaría una revisión profunda en los tipos de los futuros buques. La
experiencia real demostró que la tan cacareada supremacía del acorazado -se
puso de manifiesto- era fácil víctima de la audacia de los pequeños submarinos,
que se revelaron como la más eficaz fuerza naval durante la primera guerra
mundial.
Todo
ello influyó en el ánimo y pensamiento doctrinal del almirante Miranda, que
confirmó sus ideas respecto a la importancia decisiva del arma submarina en la
guerra naval.
La "Ley Miranda", de 17 de febrero de
1915.
Elaborado
un nuevo programa, las Cortes aprobaron con relativa rapidez, merced al
prestigio g
La
Ley Miranda
-
4 cruceros rápidos;
-
6 cazatorpederos o
destructores;
-
28 submarinos;.
-
3 cañoneros;
-
18 guardacostas;
A
todo lo anterior hay que añadir lo ya apuntado sobre obras a realizar en
arsenales, bases navales y habilitaciones nuevas en puertos de refugio, así
como la construcción de material flotante necesario, que también autorizó –con
minucioso detalle- la Ley de 17 de febrero de 1915 y a cuyo amparo fueron
realizadas.
La guerra mundial duró mucho más de lo esperado, y la ley Miranda de 1915 tuvo que prolongar los plazos de sus construcciones y sufrir algunas pequeñas modificaciones en cuanto a los buques previstos, y muy grandes en cuanto a los precios de coste; pero tales alteraciones fueron obra ineludible de las circunstancias. Además, lo programado inicialmente en la Ley, se amplió posteriormente a nuevos cruceros y destructores, como preveía su propio articulado, por lo que su desarrollo duró 15 años en vez de los seis inicialmente previstos.
Al amparo de la Ley Miranda y de la Ley de Bases Navales se crearon las bases navales secundarias de La Graña (en Ferrol), Ríos (en Vigo, donde después se instaló la ETEA), Villagarcía, Marín (después Polígono de Tiro y actual Escuela Naval) y Mahón (en Menorca.
Gracias a la Ley Miranda y a su antecesora la Ley Ferrándiz, España se dotó de una escuadra respetable, de la que estábamos absolutamente necesitados para defender dignamente nuestros intereses marítimos.
De
todas las construcciones de unidades navales previstas en la Ley Miranda sólo
lo relativo a los submarinos no se cumplió en su totalidad. Así, de los 28
submarinos a que aspiraba, se adquirieron o construyeron 16. Las demás unidades
fueron:
cuatro
cruceros: Blás de Lezo, Méndez Núñez, Príncipe Alfonso
(después rebautizado Libertad y Galicia), y Almirante Cervera,; seis
destructores cazatorpederos clase Alsedo (ampliados después a los dieciséis Churruca); tres cañoneros: Cánovas del Castillo, C
Siguiendo a Ramírez Gabarrús (en su obra “El Arma Submarina Española”, editada por la E.N. Bazán, 1983) cabe afirmar con total rotundidad que al almirante don Augusto Miranda y Godoy se le debe el hecho de que España incorporase los submarinos a su renaciente flota; es decir, que naciera aquí un Arma Submarina a semejanza de las que ya existían en las principales armadas del mundo.
Tanto es así que con el deseo de incorporar cuanto antes los
submarinos a nuestra flota, sin esperar al previsible prolongamiento de los plazos de construcciones, el almirante
Miranda previó su adquisición a naciones extranjeras. Se adquirieron cuatro: el
Isaac Peral, en los Estados Unidos -y con él entraron en servicio los
primeros motores Diesel, a flote, de la Armada-, y los tres tipo "A"
o Laurenti, en Italia, que recibieron los numerales A-1 (Narciso Monturiol),
A-2 (Cosme García) y A-3; adquisiciones que lo fueron a naciones
entonces todavía no beligerantes y, por tanto, susceptibles de vender barcos de
guerra a un país extranjero.
La
adquisición de los submarinos fue posible gracias a que el almirante Miranda
introdujo muy certeramente un artículo adicional al texto de la Ley de 17 de
febrero de 1915, que rezaba: "Se autoriza al Ministro de Marina para
adquirir por gestión directa con cargo a los créditos concedidos por esta ley,
hasta cuatro sumergibles y el material necesario para las enseñanzas y
prácticas del personal que ha de dotarlos y un buque especial de salvamento. Se
le autoriza asimismo para organizar el servicio en los submarinos con oficiales
del Cuerpo General de la Armada, y para reorganizar el Cuerpo de Maquinistas y
los de Contramaestres, Condestables y demás subalternos, ajustando sus
servicios y sus plantillas a las necesidades del nuevo material, dentro de los
créditos consignados para personal en el actual presupuesto". Al amparo de
esta disposición legal, los que en principio debían constituir la quinta serie
del programa de submarinos aprobado fueron en realidad los primeros que se
incorporaron, aunque pertenecientes a distintos tipos.
Pero,
con ser muy importantes todas las construcciones navales y obras hasta aquí
descritas, no fueron éstos los únicos logros del almirante. Mucho menos conocida
es su labor de reorganización de todo el personal de la Armada, que equivalió a
la creación de unos cuerpos modernos de oficiales, suboficiales y marinería.
Creó y organizó las especialidades de Marinería y Suboficiales e inició las de
los Oficiales; abrió las escuelas de la Maestranza de Arsenales, y reguló los
estudios y carreras de todos los empleos por categorías, modificando el plan de
estudios de la Escuela Naval. En concreto, en Ferrol, creó la Escuela de
Ingenieros Navales, que llevaba cerrada hacía 30 años, incorporándola a la de
Máquinas ya existente, y que adquirió gran prestigio. Incorporó a la Escuela
Naval la Academia del Cuerpo de Administración (hoy Intendencia), que llevaba
15 años cerrada. Sería prolijo enumerar aquí todas las reformas que en materia
de personal emprendió, y que en conjunto pueden considerarse el inicio de
la moderna profesionalización del
personal de la Armada.
En
resumen, la obra del almirante Miranda al frente de la Armada fue tan extensa y
variada que, como afirmó su nieto el almirante general don Carlos Vila Miranda
en ocasión memorable (el acto solemne del traslado de sus restos mortales al
Panteón de Marinos Ilustres, el 17 de septiembre de 2002), “es difícil
encontrar otro período en la Historia, si es que hay alguno, en el que se hayan
realizado tantas y tan fructíferas reformas en nuestra Armada”.
Por
Real Decreto de 23 de septiembre de 1915 fue promovido al empleo de
vicealmirante.
Fue
firme defensor de la neutralidad de España en la primera guerra mundial y tal
vez el paladín de ella en el Gobierno Dato, hasta el punto que, como garantía
de ella, continuó al frente del Ministerio de Marina con el advenimiento del
nuevo Gabinete, presidido por el Conde de Romanones, el 9 de diciembre de
La
presencia de don Augusto Miranda en tres gobiernos sucesivos, y no precisamente
por espontánea decisión de alguno de sus presidentes, lo convirtió en el primer
ministro español que continuó en el desempeño de su cargo con dos partidos
políticos diferentes en el poder, hecho hasta entonces inédito. Igualmente, su
primera etapa ministerial (27 de octubre de 1913-11 de junio de 1917) fue de
las más dilatadas hasta esa época en el Departamento de Marina que registra la
Historia, y se debió fundamentalmente a la voluntad expresa de S.M.el Rey don
Alfonso XIII, que comprendió y alentó en toda su magnitud la extraordinaria
importancia del programa del almirante Miranda, que hacía necesaria su
permanencia en el Gobierno.
Tras
su salida del Consejo de Ministros, en el que fue sustituido por el
contralmirante don
Cesa
como Ministro, y por Real Decreto de 13 de noviembre de 1918, es nombrado Jefe
de la Jurisdicción de Marina en la Corte, cargo que desempeñará hasta el 15 de
abril de 1919 cuando, por quinta vez, vuelve a ser Ministro de Marina en un
nuevo y efímero gobierno presidido por don Antonio Maura.
Por
Real Decreto de 4 de julio de 1919 es promovido al empleo de Almirante de
Presidente
del Gobierno "in pectore".
El
20 de noviembre de 1919, es nombrado de nuevo Jefe de la Jurisdicción de Marina
en la Corte, y, en enero de 1920, S.M. el Rey, que admiraba y conocía bien las
cualidades de nuestro almirante, le honró con el encargo de formar nuevo
Gobierno bajo su presidencia. El propósito del Monarca era formar un gobierno
fuerte e independiente que solventase los problemas y la crisis política que
los últimos gobiernos de concentración no habían sido capaces de remediar,
situando al frente del mismo a un hombre desligado de compromisos políticos.
Don Augusto, con su salud muy quebrada, declinó amablemente su designación
hasta tanto se recuperase plenamente de su dolencia, que implicaba someterse a
una operación quirúrgica. Complicaciones postoperatorias le provocaron la
muerte, falleciendo cristi
Posiblemente
el destino de España hubiese sido distinto de haber alcanzado la más alta
magistratura de la Nación, en lo que ha
sido un capítulo inédito de nuestra Historia.
Su
enorme talento y prestigio ha quedado sellado de manera indeleble como una de
las figuras más grandes de nuestra Historia naval y, como testimonio de ello,
sus restos reposan en el Panteón de Marinos Ilustres para ejemplo de las
generaciones futuras.
Esta
fue a grandes rasgos la trayectoria vital de este extraordinario almirante y
ministro, excelente marino y eficaz gobernante; cuya personalidad merece
calificarle de auténtico estadista, y cuya vida entera estuvo entregada al
servicio de la Armada y al engrandecimiento de España.
Homenajes y epitafio.
Tras
su repentina muerte, S.M. el Rey don Alfonso XIII, se sirvió dictar un Real
Decreto sobre honores, de fecha 30 de abril de 1920, que comenzaba
diciendo:"Queriendo dar un alto testimonio del profundo dolor que ha
causado en Mi Real ánimo el fallecimiento del Almirante de la Armada, ex
Ministro de la Corona, Don Augusto Miranda y Godoy...".
La
Armada, a la que sirvió en cuerpo y alma, le rindió homenaje en su día
bautizando con su nombre meritísimo uno de los excelentes buques construídos
según su programa, y que fue el destructor Almirante Miranda,
perteneciente a la segunda serie de la clase Churruca.
Esta
unidad, botada en Cartagena en 1931 y que entró en servicio en 1936, sería la
más longeva de su clase pues permaneció en activo hasta 1970. Se da además la
curiosa circunstancia de que uno de los nietos del ilustre almirante fue
segundo comandante de este buque, el hoy almirante general Carlos Vila Miranda,
quien, al igual que su abuelo, llegaría a ejercer la máxima responsabilidad de
la Armada, en su caso como almirante jefe del Estado Mayor (AJEMA) cargo que
ocupó entre los años 1990 y 1994.
También,
y más recientemente, el Ministerio de Defensa dispuso por Orden Ministerial
145/2002, de 27 de junio, el traslado de sus restos mortales al Panteón de
Marinos Ilustres, donde fueron inhumados en solemne ceremonia celebrada el 17
de septiembre de 2002.
Por
su parte, el Ayuntamiento de Mahón, de cuya base naval fue impulsor, le
dedicó un monumento coronado por un busto de su persona, situado en la plaza
del mismo nombre, que fue inaugurado el día de la Virgen del Carmen del año
También,
la noble villa de Marín le recuerda con el nombre de una de sus calles,
situada precisamente frente a la Escuela Naval Militar, como queriendo evocar
el origen de la misma, que fue la base naval fundada por don Augusto Miranda.
Posee
asimismo una plaza dedicada en su villa natal, Archidona, que le otorgó
además el título de Hijo Predilecto; y una calle en la ciudad de San
Fernando (Cádiz), que asimismo lo nombró Hijo Adoptivo.
Por
último y para terminar, reproducimos como expresión clara de justicia histórica
lo que escribió la Revista General de Marina como motivo de su muerte:
"La
Patria se ve privada de sus servicios cuando mayores frutos podían esperarse de
sus dotes excepcionales, maduradas ya por la experiencia; cuando su energía y
sus altos prestigios hubieran podido ser más útiles, acaso más necesarios,
dentro de la Marina; cuando su inteligencia poderosa habría aportado
valiosísimo concurso a futuros Gobiernos, cuyas posibilidades de éxito han de
estar condicionadas por una clara visión del porvenir".
EL
ALMIRANTE DON AGUSTO MIRANDA Y GODOY, CREADOR DEL ARMA SUBMARINA ESPAÑOLA
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