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De Carlos Bonaplata Requeijo

 

 

ARTICULO PUBLICADO EN LA REVISTA GENERAL DE MARINA, NOVIEMBRE DE 2000.

 

 

 "EL ALMIRANTE DON AUGUSTO MIRANDA Y  GODOY,

EN LA HISTORIA NAVAL DE ESPAÑA ."

 

 

                                                                       "Dichoso aquel que recuerda a sus antepasados                          

                                                                        con agrado, que gustosamente habla de sus

                                                                        acciones y de su grandeza, y que serenamente

                                                                        se alegra viéndose al final de tan hermosa fila"

                                                                                                               (Goethe)

 

 

                                                                  JAIME ANTON VISCASILLAS.

                                              

 

 

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Esta es la foto más antigua de Augusto Miranda, aspirante de la Armada, alumno de la Escuela Naval Flotante, a bordo de la Fragata Asturias, en Ferrol. Año 1871.

 

 

Se cumplen ochenta años de la muerte del Almirante don Augusto Miranda y Godoy (1855-1920), figura insigne de nuestra Historia Naval, jefe de gran inteligencia y prestigio, que destacó como hombre de ciencia y que fue, como Ministro de Marina, verdadero artífice del resurgir de la Armada en el primer cuarto de siglo, tras el Desastre de 1898.

Ochenta años es tiempo propicio como aniversario para recordar de nuevo su relevante y señera personalidad, y sirvan por ello estas líneas para cumplir ese propósito, que hago con la mayor ilusión y legítimo orgullo de “ius sanguinis” y porque es noble tradición en la Armada honrar la memoria de nuestros antecesores más antiguos en el escalafón. Como bien rezan las Reales Ordenanzas, el homenaje a los héroes que forjaron y defendieron la Patria es un deber de gratitud y un motivo de estímulo para la continuación de su obra.

 

 

Los primeros años.

 

Natural de Archidona, provincia de Málaga, había nacido don Augusto el 27 de mayo de 1855. Muy jóvenes, su hermano Luciano y él deciden hacer de la Armada su profesión e ingresan juntos respectivamente con los números uno y dos, siendo nombrados aspirantes por Real Orden de 11 de enero de 1871, formando parte de la primera promoción de la Escuela Naval Flotante, así denominada por estar habilitada a bordo de la fragata Asturias, con base en Ferrol, y cuyo director era el laureado capitán de navío don Victoriano Sánchez y Barcáiztegui, héroe del Callao (2-mayo-1866).

Luciano Miranda, brillante oficial de Marina, vería truncada su vida y prometedora carrera, por su temprana muerte acaecida en el Arsenal de La Habana, en junio de 1879, siendo alférez de navío.

Por su parte, nuestro biografiado, tras terminar sus estudios en la Asturias, es nombrado guardia marina de 2ª clase el 16 de abril de 1872, embarcando a continuación en la fragata Victoria, que al poco tiempo se incorpora en Barcelona a la Escuadra, realizando un crucero por España, con objeto de conducir a S.M. el Rey don Amadeo I a varios puertos del Norte. Posteriormente, en la fragata Concepción, realiza un viaje de instrucción en redondo a las Filipinas, y tras numerosos embarques fue promovido a guardia marina de 1ª clase el 16 de julio de 1875.

Concluidos sus estudios, es ascendido al empleo de alférez de navío el 27 de mayo de 1876. En los empleos de alférez de navío y teniente de navío estuvo embarcado en diversos buques, surcando prácticamente todos los mares del mundo. Desempeñó múltiples comisiones y destinos a flote, tomando parte activa en acciones de guerra contra fuerzas insurrectas en Cuba. Fue oficial de derrota y profesor de guardias marinas en la fragatas Carmen y Blanca, y segundo comandante del vapor Vulcano y del cañonero Pilar.

Infatigable estudioso de los más diversos campos del saber, desde muy pronto realiza investigaciones científicas, siendo autorizado por Real Orden de 1 de junio de 1878 para construir una corredera electro-mecánica en Cádiz, que había diseñado y presentado a las autoridades, desempeñando esta comisión durante varios meses.

Entre 1883 y 1888 fue profesor de la Escuela Naval Flotante, publicando sus dos mejores obras científicas, los libros "Lecciones de Cálculo infinitesimal e integral" y "Mecánica racional y aplicada. Principios generales de Mecánica", ambos declarados oficialmente de texto en la Escuela Naval (Reales Ordenes de 23 de marzo de 1887 y 14 de julio de 1888). Serían, asimismo, premiados por la Academia de Ciencias de Paris, y adoptados como manuales de texto, de estudio y consulta en varias academias militares de América, y en otros centros docentes de España y extranjeros.

Al cesar en su cargo docente en la Escuela y pasar a petición propia a situación de supernumerario, estableció en el mismo Ferrol, con don Venancio Pérez Machado y don Ramón Estrada, el Colegio de la Marina, academia preparatoria de ingreso, por la que pasaron casi en su totalidad ocho o diez promociones de futuros oficiales de la Armada, de manera que hubo una época en que la mayoría de sus subordinados habían sido alumnos suyos en la Escuela o en el Colegio, circunstancia que influyó no poco en la autoridad que nadie le discutía, ni "sotto voce" en sus mandos de buques.

Vuelto a servicio activo, en noviembre de 1891 pasó destinado a la Secretaría del Comandante General del Arsenal de Ferrol; en abril de 1892 fue nombrado segundo comandante del cañonero torpedero rápido Vicente Yáñez Pinzón; en noviembre de ese año pasó destinado como profesor de la Academia de Maquinistas de Ferrol, y sin perjuicio de este destino pasó a ocuparse de nuevo de la Secretaría del almirante del Arsenal; en septiembre de ese año pasó a ser comandante del crucero-torpedero rápido Galicia,  volviendo después al puesto de profesor de la Academia de Maquinistas. En abril de 1895 ascendió a teniente de navío de primera clase (capitán de corbeta), y en marzo de 1896 fue nombrado jefe del 3º negociado del Estado Mayor del Departamento de Ferrol.

En esta época fue precursor de la energía eléctrica en Ferrol, llevando a cabo un estudio  técnico y de viabilidad para la construcción de una central hidroeléctrica en el lugar denominado "la Fervenza" para el aprovechamiento de aguas del río Velelle (así denominado entonces el que hoy se conoce como Belelle, en los términos municipales de Neda y Fene), adquiriendo los terrenos de este sitio y solicitando la correspondiente concesión administrativa, que le fue concedida por resolución de 5 de enero de 1894. Aunque un año después desistirá de esta concesión (en 5 de junio de 1895), puso sin duda las bases del posterior aprovechamiento de este caudal para la obtención de energía eléctrica (explotación que continúa en la actualidad con la central de Unión FENOSA), y la traída de aguas de este manantial a Ferrol, que todavía hoy sigue prestando servicio a la Marina y a determinadas zonas de la ciudad.

 

Campaña en las Filipinas y mandos navales posteriores.

 

Durante todo el año 1898 fue comandante militar de la Estación naval de la isla del Corregidor, en Manila, soportando allí los días amargos de la guerra, y, tras los combates, fue hecho prisionero de los norteamericanos a bordo del crucero Baltimore. A este respecto, en el interesante libro "Historias de la Historia" (Circulo de Lectores, 1983) su autor, Carlos Fisas, relata una anécdota sobre el cautiverio del entonces teniente de navío de primera clase Augusto Miranda (aunque por error evidente lo sitúa en Cuba en lugar de Filipinas) señalando que, "tras la heroica resistencia de los españoles, los americanos enviaron sus botes y condujeron a bordo de sus acorazados y hospitales a prisioneros y heridos. Entre los primeros figuraba un oficial, Augusto Miranda, que llegaría a ser almirante y ministro de Marina. Este solicitó desembarcar bajo palabra de honor, con objeto de atender a su familia que allí residía y cuya situación no podía por menos de ser muy crítica en aquellos momentos. Se le concedieron dos horas.

Cuando había transcurrido poco más de la mitad del permiso, anunciaron a Miranda que un oficial del barco preguntaba si estaba en casa. Miranda refrenó su cólera a duras penas: mediando la palabra de un marino español, no podía aceptar que se pretendiese vigilar su cumplimiento. Pronto tuvo que rectificar.

El marino americano le dijo, sencillamente: Vengo a traerle su espada. El comandante no quiere que cruce usted la ciudad sin espada, en una hora tan concurrida."

Retornado a España, pasó destinado al Estado Mayor del Departamento  de Ferrol y, en julio de 1900, se hizo cargo de la segunda comandancia del crucero Infanta Isabel. Ascendido a capitán de fragata en julio de 1901, pasó a ser segundo comandante en la Comisión Hidrográfica a bordo del aviso Urania, tomando parte muy activa en el levantamiento de las cartas del Cantábrico. En agosto de 1905 embarcó en el crucero Cardenal Cisneros como segundo comandante, destacando su actuación al salvar a la dotación del mismo después de haber chocado contra los bajos rocosos de Meixedo, en la costa gallega, a la salida de la ría de Muros, el 28 de octubre de ese año, perdiéndose totalmente. La prensa española al dar cuenta del siniestro decía: "Gracias a la sangre fría y precisión del segundo comandante Sr. Miranda, se logró el salvamento completo de la tripulación"; hecho que fue elogiado por españoles y extranjeros.

En enero de 1906 fue nombrado Ayudante Mayor del Arsenal de Ferrol, y en esa época entre otras cosas, lleva a cabo el levantamiento del plano de la cuenca del río de La Graña. En agosto de 1907 es destinado como segundo comandante del crucero Princesa de Asturias. En abril de 1908 pasó a ser comandante del cañonero Doña María de Molina, cuyo mando desempeñó durante dos años, realizando numerosas misiones en aguas africanas.

El 18 de abril de 1910 fue promovido al empleo de capitán de navío, y por Real Orden de 18 de mayo se le nombró para estudiar la organización y sistemas de enseñanza de las Escuelas Navales de Alemania, Austria, Italia e Inglaterra, países a donde viajó en compañía del teniente de navío de primera clase don Manuel Andújar y Solana, redactando posteriormente una pormenorizada y rigurosa memoria. Asimismo, redactó un "Proyecto de Bases para la educación y enseñanza de los oficiales del Cuerpo General de la Armada", que constituyó un magnífico estudio-programa, con los criterios navales más modernos de su época, para el establecimiento de las bases y reglamentos de enseñanza de la futura Escuela Naval de San Fernando. Ambos tratados fueron publicados en la Revista General de Marina en noviembre y septiembre de 1911, respectivamente. Aspectos fundamentales éstos, que conocía bien dada su amplia experiencia docente y sobre los que tomaría "cartas en el asunto", años después, siendo ya Ministro de Marina.

En octubre de 1910 fue destinado como Jefe de Armamentos del Arsenal de La Carraca, cargo que desempeñará tan sólo unos meses hasta marzo de 1911.

 

 

 

 

 

Otra foto del Almirante don Augusto Miranda y Godoy, en el antiguo Ministerio de Marina.

 

 

Comandante del Crucero "Reina Regente".

 

Por Real Orden de 9 de febrero de 1911 fue nombrado comandante del crucero Reina Regente, cuyo mando tomó en La Carraca el 14 de marzo; se trataba del segundo crucero de este nombre (el primero sucumbió en un terrible y misterioso naufragio en marzo de 1895, a unas millas de Tánger, con sus más de 390 miembros de dotación), y era posiblemente la mejor unidad de nuestra Escuadra.

En junio de 1911 participó en una de las espectaculares revistas navales celebradas en Spithead con motivo de la coronación del Rey Jorge V; en julio, desde Santander dio escolta al yate real Giralda, que llevaba a bordo a  S.M. el Rey don Alfonso XIII, hasta Inglaterra donde éste último participó en las regatas de Cowes, regresando en agosto.

Durante su mando del Reina Regente y en compatibilidad con él,  por Real Orden de 28 de octubre de 1911, fue nombrado Vocal de la Junta encargada de redactar el programa, plan de estudios y reglamentos de la futura Escuela Naval de San Fernando.

En las postrimerías del año 1912, con motivo de la guerra entre Turquía y los Estados Balcánicos (Grecia, Bulgaria, Serbia y Montenegro), se temió una revolución, y por ello se reunió en el Bósforo una nutrida escuadra internacional que traspuso los Dardanelos y fondeó en Constantinopla, en un intento de neutralizar el Mar Negro. Formaban parte de la misma numerosos buques de Alemania, Francia, Inglaterra, Italia, Rusia, Holanda, Rumania y España.

Por nuestra parte, la designación del crucero Reina Regente para representar a España en aquel cónclave naval, como escribió Juan B. Robert en la Revista General de Marina (en su número de abril de 1945): "no fue hecha al azar entre los demás buques de guerra disponibles. En realidad, se eligió en atención a las especiales cualidades de su comandante, el capitán de navío don Augusto Miranda y Godoy, que en distintas oportunidades había probado sus altas dotes diplomáticas y además de su conocimiento de idiomas, el de personalidades e instituciones políticas extranjeras."

Zarpó el Reina Regente del puerto de Málaga el 7 de noviembre de 1912, llegando a Constantinopla el día 15, mandado por el Gobierno de S.M., y a las órdenes del Ministro Plenipotenciario de España fondeó en el Bósforo. El 18 desembarcó la "Columna" para proteger a los extranjeros y las legaciones. El 28 reembarcaron estas fuerzas sin novedad.

Allí permaneció durante varios meses. Añadía Robert que:"En una de las reuniones de almirantes y comandantes que se celebraron, -en ocasiones escabrosas discusiones entre mandos de potencias que pronto serían beligerantes-, los términos conciliadores y bien enfocados de don Augusto facilitaron una solución, acogida con general beneplácito. Éxito que en las sucesivas originó que los almirantes solicitaran más de una vez la sensata y ecuánime opinión del capitán de navío español, que prevalecía."

A estas alturas de su carrera, las singulares prendas de su carácter y dotes de mando excepcionales que siempre demostró, unidos a una admirable hoja de servicios pero, sobre todo, su sencillez, bondad y grandeza de espíritu que lo hacían un  personaje sumamente respetado y querido por todos, otorgaban a don Augusto Miranda una personalidad de máximo relieve en la Armada, y categoría bien ganada como futuro almirante ministrable.

 

Almirante cinco veces Ministro de Marina, 1913-1919.

 

La noticia de su promoción al Almirantazgo le llega a don Augusto en Constantinopla, el  13 de marzo de 1913, a bordo del Regente, habiendo cumplido en esa fecha las condiciones de mando, siendo relevado interinamente por su segundo, que entregará después el mando al nuevo comandante, capitán de navío don Joaquín Gutiérrez de Rubalcava y Villar.

Se abre a partir de aquí una nueva e ilusionante etapa en la carrera de don Augusto Miranda, en la que llegará a ocupar numerosos cargos importantes y la más alta responsabilidad de la Armada formando parte de cinco Gobiernos de la Nación, ostentando la cartera de Marina en los tres empleos del Almirantazgo.

Por Real Decreto de 13 de marzo de 1913 asciende a contralmirante, con antigüedad de 8 de agosto de 1912. A los pocos días es nombrado General Jefe del Arsenal de Ferrol y Presidente de la Comisión Inspectora de Nuevas Construcciones del mismo.

Durante su permanencia en Ferrol es nombrado Vocal de la Junta de unificación de calibres de Artillería para la Defensa de Costas, constituída en el Ministerio de la Guerra, comisión que desempeña en Madrid durante el mes de mayo.

Por los motivos expuestos anteriormente y el prestigio verdaderamente internacional alcanzado al mando del Regente, el nuevo Presidente del Consejo de Ministros -que así se llamaba  entonces al del Gobierno-, el conservador don Eduardo Dato e Iradier, a instancias de S.M el Rey don Alfonso XIII, le encarga la cartera de Marina. Jura el cargo y toma posesión como Ministro de Marina el 27 de octubre de 1913, y pasa a ostentar también el cargo de consejero de Estado, que en aquella época llevaban aparejados los Ministros de la Corona. En 1914 sería nombrado, asimismo, senador vitalicio del Reino, cargo que desempeñará hasta su muerte

Desde el primer momento se propone llevar a cabo un ambicioso programa de construcciones navales y un plan completo de reestructuración de la Armada, que incluía la rehabilitación de arsenales y construcción de nuevas bases navales, además de la creación del arma submarina, lo que en conjunto suponía una verdadera reconstrucción con los criterios más modernos.

Pero antes de presentar el plato fuerte de la que será llamada "segunda ley de Escuadra", Miranda propuso iniciar las obras de una unidad asislada, un crucero, de los que tan necesitada estaba la Flota, para dar continuidad a las construcciones de la Ley Ferrándiz de 7 de enero de 1908, que estaban en curso avanzado y que comprendían: los 3 acorazados tipo España; los 3 destructores Bustamante; los 4 cañoneros Recalde; la serie de torpederos de 180 toneladas; y los tres guardapescas Delfín.

Así lo decidió el Gobierno a moción del Ministro Miranda, que propuso el tipo de crucero explorador "scout", según la terminología inglesa de la época, que constituía una unidad relativamente ligera que sacrificaba su protección en favor de la velocidad, y lo convertían en un buque altamente operativo y muy eficaz en la guerra naval.

A pesar de la gravedad de la situación internacional, un amplio sector parlamentario de las Cortes se opuso al proyecto que, no obstante, ante el temor de despidos en los astilleros debido al avanzado ritmo de las construcciones y la posible inactividad de aquéllos, alguien insinuó en la oposición que si el buque se destinase a escuela, obtendría la benevolencia izquierdista. El sector opositor confundió torpemente "scout" y "escuela", creyendo que significaban lo mismo, y el almirante Miranda aprovechó sagazmente el equívoco, consiguiendo la aprobación de la Ley de 30 de julio de 1914, que autorizó su construcción. Así nació el crucero explorador Reina Victoria Eugenia, construído en Ferrol, cuya quilla se arboló el 31 de marzo de 1915 y fue botado el 21 de marzo de 1920. Este buque tendría una larga vida, siendo posteriormente rebautizado, a causa de las vicisitudes políticas, con los nombres de República y, después, Navarra.

Por otra parte, don Augusto, como buen profesional que era, veía claramente el gran desarrollo que las flotas militares del mundo entero estaban experimentando desde la aparición del acorazado Dreadnought en 1906. Y cómo los submarinos iban ganando terreno respecto a su importancia, aunque también es verdad que por los tiempos anteriores a la Gran Guerra de 1914-1918, no existía una doctrina submarina bien definida, y los sumergibles se consideraban como meros auxiliares de las flotas de superficie, cuyo grueso formaban las divisiones de acorazados.

Hechos los correspondientes estudios, Miranda presentó un programa de nuevas construcciones que tendría que ser una continuación del de 1908, y que será conocido como Primer Plan Miranda. Este proyecto, aprobado por Real Decreto de 29 de abril de 1914, fue presentado y leído en las Cortes, aunque Miranda decidió retirarlo antes de su discusión para modificarlo radicalmente en vista del estallido de la guerra europea en agosto de ese año. Este proyecto de ley “non nata”, además de otras construcciones navales y obras, ya preveía la de seis submarinos.

La conflagración europea que poco después degeneró en guerra mundial, y la prudencia más elemental aconsejaba no emprender la ejecución de un plan tan vasto de nuevas construcciones, cuando se esperaba que el curso de los acontecimientos, recogiendo las enseñanzas prácticas de la guerra en la mar, operaría una revisión profunda en los tipos de los futuros buques. La experiencia real demostró que la tan cacareada supremacía del acorazado -se puso de manifiesto- era fácil víctima de la audacia de los pequeños submarinos, que se revelaron como la más eficaz fuerza naval durante la primera guerra mundial.

Todo ello influyó en el ánimo y pensamiento doctrinal del almirante Miranda, que confirmó sus ideas respecto a la importancia decisiva del arma submarina en la guerra naval.

 

La "Ley Miranda", de 17 de febrero de 1915.

 

Elaborado un nuevo programa, las Cortes aprobaron con relativa rapidez, merced al prestigio ganado por el ministro Miranda, la que sería segunda ley de escuadra, que ha pasado a la historia como "Ley Miranda", y que fue sancionada por S.M. el Rey don Alfonso XIII, gran entusiasta de la Armada, el 17 de febrero de 1915.

La Ley Miranda marcó un hito en nuestra historia naval y supuso el definitivo nacimiento del Arma Submarina española. Las unidades previstas y autorizadas fueron:

-         4 cruceros rápidos;

-         6 cazatorpederos o destructores;

-         28 submarinos;.

-         3 cañoneros;

-         18 guardacostas;

A todo lo anterior hay que añadir lo ya apuntado sobre obras a realizar en arsenales, bases navales y habilitaciones nuevas en puertos de refugio, así como la construcción de material flotante necesario, que también autorizó –con minucioso detalle- la Ley de 17 de febrero de 1915 y a cuyo amparo fueron realizadas.

La guerra mundial duró mucho más de lo esperado, y la ley Miranda de 1915 tuvo que prolongar los plazos de sus construcciones y sufrir algunas pequeñas modificaciones en cuanto a los buques previstos, y muy grandes en cuanto a los precios de coste; pero tales alteraciones fueron obra ineludible de las circunstancias. Además, lo programado inicialmente en la Ley, se amplió posteriormente a nuevos cruceros y destructores, como preveía su propio articulado, por lo que su desarrollo duró 15 años en vez de los seis inicialmente previstos.

Al amparo de la Ley Miranda y de la Ley de Bases Navales se crearon las bases navales secundarias de La Graña (en Ferrol), Ríos (en Vigo, donde después se instaló la ETEA), Villagarcía, Marín (después Polígono de Tiro y actual Escuela Naval) y Mahón (en Menorca.

Gracias a la Ley Miranda y a su antecesora la Ley Ferrándiz, España se dotó de una escuadra respetable, de la que estábamos absolutamente necesitados para defender dignamente nuestros intereses marítimos.

De todas las construcciones de unidades navales previstas en la Ley Miranda sólo lo relativo a los submarinos no se cumplió en su totalidad. Así, de los 28 submarinos a que aspiraba, se adquirieron o construyeron 16. Las demás unidades fueron:

cuatro cruceros: Blás de Lezo, Méndez Núñez, Príncipe Alfonso (después rebautizado Libertad y Galicia), y Almirante Cervera,; seis destructores cazatorpederos clase Alsedo (ampliados después a los  dieciséis Churruca);  tres cañoneros: Cánovas del Castillo, Canalejas y Dato; y diversos buques auxiliares (dieciocho guardacostas).

 

Creador del Arma Submarina

 

Siguiendo a Ramírez Gabarrús (en su obra “El Arma Submarina Española”, editada por la E.N. Bazán, 1983) cabe afirmar con total rotundidad que al almirante don Augusto Miranda y Godoy se le debe el hecho de que España incorporase los submarinos a su renaciente flota; es decir, que naciera aquí un Arma Submarina a semejanza de las que ya existían en las principales armadas del mundo.

Tanto es así que con el deseo de incorporar cuanto antes los submarinos a nuestra flota, sin esperar al previsible prolongamiento  de los plazos de construcciones, el almirante Miranda previó su adquisición a naciones extranjeras. Se adquirieron cuatro: el Isaac Peral, en los Estados Unidos -y con él entraron en servicio los primeros motores Diesel, a flote, de la Armada-, y los tres tipo "A" o Laurenti, en Italia, que recibieron los numerales A-1 (Narciso Monturiol), A-2 (Cosme García) y A-3; adquisiciones que lo fueron a naciones entonces todavía no beligerantes y, por tanto, susceptibles de vender barcos de guerra a un país extranjero.

La adquisición de los submarinos fue posible gracias a que el almirante Miranda introdujo muy certeramente un artículo adicional al texto de la Ley de 17 de febrero de 1915, que rezaba: "Se autoriza al Ministro de Marina para adquirir por gestión directa con cargo a los créditos concedidos por esta ley, hasta cuatro sumergibles y el material necesario para las enseñanzas y prácticas del personal que ha de dotarlos y un buque especial de salvamento. Se le autoriza asimismo para organizar el servicio en los submarinos con oficiales del Cuerpo General de la Armada, y para reorganizar el Cuerpo de Maquinistas y los de Contramaestres, Condestables y demás subalternos, ajustando sus servicios y sus plantillas a las necesidades del nuevo material, dentro de los créditos consignados para personal en el actual presupuesto". Al amparo de esta disposición legal, los que en principio debían constituir la quinta serie del programa de submarinos aprobado fueron en realidad los primeros que se incorporaron, aunque pertenecientes a distintos tipos.

Pero, con ser muy importantes todas las construcciones navales y obras hasta aquí descritas, no fueron éstos los únicos logros del almirante. Mucho menos conocida es su labor de reorganización de todo el personal de la Armada, que equivalió a la creación de unos cuerpos modernos de oficiales, suboficiales y marinería. Creó y organizó las especialidades de Marinería y Suboficiales e inició las de los Oficiales; abrió las escuelas de la Maestranza de Arsenales, y reguló los estudios y carreras de todos los empleos por categorías, modificando el plan de estudios de la Escuela Naval. En concreto, en Ferrol, creó la Escuela de Ingenieros Navales, que llevaba cerrada hacía 30 años, incorporándola a la de Máquinas ya existente, y que adquirió gran prestigio. Incorporó a la Escuela Naval la Academia del Cuerpo de Administración (hoy Intendencia), que llevaba 15 años cerrada. Sería prolijo enumerar aquí todas las reformas que en materia de personal emprendió, y que en conjunto pueden considerarse el inicio de la  moderna profesionalización del personal de la Armada.

En resumen, la obra del almirante Miranda al frente de la Armada fue tan extensa y variada que, como afirmó su nieto el almirante general don Carlos Vila Miranda en ocasión memorable (el acto solemne del traslado de sus restos mortales al Panteón de Marinos Ilustres, el 17 de septiembre de 2002), “es difícil encontrar otro período en la Historia, si es que hay alguno, en el que se hayan realizado tantas y tan fructíferas reformas en nuestra Armada”.

Por Real Decreto de 23 de septiembre de 1915 fue promovido al empleo de vicealmirante.

Fue firme defensor de la neutralidad de España en la primera guerra mundial y tal vez el paladín de ella en el Gobierno Dato, hasta el punto que, como garantía de ella, continuó al frente del Ministerio de Marina con el advenimiento del nuevo Gabinete, presidido por el Conde de Romanones, el 9 de diciembre de 1915. A la caída de éste, el 20 de abril de 1917, es confirmado en el nuevo Gobierno, esta vez presidido por don Manuel García Prieto, que tendrá una corta duración, hasta el 11 de junio de ese año.

La presencia de don Augusto Miranda en tres gobiernos sucesivos, y no precisamente por espontánea decisión de alguno de sus presidentes, lo convirtió en el primer ministro español que continuó en el desempeño de su cargo con dos partidos políticos diferentes en el poder, hecho hasta entonces inédito. Igualmente, su primera etapa ministerial (27 de octubre de 1913-11 de junio de 1917) fue de las más dilatadas hasta esa época en el Departamento de Marina que registra la Historia, y se debió fundamentalmente a la voluntad expresa de S.M.el Rey don Alfonso XIII, que comprendió y alentó en toda su magnitud la extraordinaria importancia del programa del almirante Miranda, que hacía necesaria su permanencia en el Gobierno.

Tras su salida del Consejo de Ministros, en el que fue sustituido por el contralmirante  don Manuel de Flórez y Carrió, quedó disponible para eventualidades en la Corte, hasta el 7 de octubre de 1917 en que fue nombrado Comandante General del Apostadero de Cádiz. El 14 de marzo de 1918 pasa a ser Comandante General de la Escuadra de Instrucción, y,.de nuevo, vuelve a ser Ministro, ahora por cuarta vez, en un gobierno de los calificados de "nacionales o de concentración", presidido por don Antonio Maura, desde el 20 de julio al 9 de noviembre de ese año.

Cesa como Ministro, y por Real Decreto de 13 de noviembre de 1918, es nombrado Jefe de la Jurisdicción de Marina en la Corte, cargo que desempeñará hasta el 15 de abril de 1919 cuando, por quinta vez, vuelve a ser Ministro de Marina en un nuevo y efímero gobierno presidido por don Antonio Maura.

Por Real Decreto de 4 de julio de 1919 es promovido al empleo de Almirante de la Armada.

 

Presidente del Gobierno "in pectore".

 

El 20 de noviembre de 1919, es nombrado de nuevo Jefe de la Jurisdicción de Marina en la Corte, y, en enero de 1920, S.M. el Rey, que admiraba y conocía bien las cualidades de nuestro almirante, le honró con el encargo de formar nuevo Gobierno bajo su presidencia. El propósito del Monarca era formar un gobierno fuerte e independiente que solventase los problemas y la crisis política que los últimos gobiernos de concentración no habían sido capaces de remediar, situando al frente del mismo a un hombre desligado de compromisos políticos. Don Augusto, con su salud muy quebrada, declinó amablemente su designación hasta tanto se recuperase plenamente de su dolencia, que implicaba someterse a una operación quirúrgica. Complicaciones postoperatorias le provocaron la muerte, falleciendo cristianamente, a la vera del sepulcro del Santo Patrón de España, en el Hospital Real de Santiago de Compostela, el 28 de abril de 1920.

Posiblemente el destino de España hubiese sido distinto de haber alcanzado la más alta magistratura de la Nación,  en lo que ha sido un capítulo inédito de nuestra Historia.

Su enorme talento y prestigio ha quedado sellado de manera indeleble como una de las figuras más grandes de nuestra Historia naval y, como testimonio de ello, sus restos reposan en el Panteón de Marinos Ilustres para ejemplo de las generaciones futuras.

Esta fue a grandes rasgos la trayectoria vital de este extraordinario almirante y ministro, excelente marino y eficaz gobernante; cuya personalidad merece calificarle de auténtico estadista, y cuya vida entera estuvo entregada al servicio de la Armada y al engrandecimiento de España.

 

Homenajes y epitafio.

 

Tras su repentina muerte, S.M. el Rey don Alfonso XIII, se sirvió dictar un Real Decreto sobre honores, de fecha 30 de abril de 1920, que comenzaba diciendo:"Queriendo dar un alto testimonio del profundo dolor que ha causado en Mi Real ánimo el fallecimiento del Almirante de la Armada, ex Ministro de la Corona, Don Augusto Miranda y Godoy...".

La Armada, a la que sirvió en cuerpo y alma, le rindió homenaje en su día bautizando con su nombre meritísimo uno de los excelentes buques construídos según su programa, y que fue el destructor Almirante Miranda, perteneciente a la segunda serie de la clase Churruca.

Esta unidad, botada en Cartagena en 1931 y que entró en servicio en 1936, sería la más longeva de su clase pues permaneció en activo hasta 1970. Se da además la curiosa circunstancia de que uno de los nietos del ilustre almirante fue segundo comandante de este buque, el hoy almirante general Carlos Vila Miranda, quien, al igual que su abuelo, llegaría a ejercer la máxima responsabilidad de la Armada, en su caso como almirante jefe del Estado Mayor (AJEMA) cargo que ocupó entre los años 1990 y 1994.

También, y más recientemente, el Ministerio de Defensa dispuso por Orden Ministerial 145/2002, de 27 de junio, el traslado de sus restos mortales al Panteón de Marinos Ilustres, donde fueron inhumados en solemne ceremonia celebrada el 17 de septiembre de 2002.

Por su parte, el Ayuntamiento de Mahón, de cuya base naval fue impulsor, le dedicó un monumento coronado por un busto de su persona, situado en la plaza del mismo nombre, que fue inaugurado el día de la Virgen del Carmen del año 1927, a cuyo acto solemne asistieron autoridades y los hijos del insigne almirante, los entonces ya ilustres ingenieros navales de la Armada, don Augusto y don Pedro Miranda y Maristany.  Este monumento  fue reinaugurado tras una remodelación urbanística de la zona, en 1994.

También, la noble villa de Marín le recuerda con el nombre de una de sus calles, situada precisamente frente a la Escuela Naval Militar, como queriendo evocar el origen de la misma, que fue la base naval fundada por don Augusto Miranda.

Posee asimismo una plaza dedicada en su villa natal, Archidona, que le otorgó además el título de Hijo Predilecto; y una calle en la ciudad de San Fernando (Cádiz), que asimismo lo nombró Hijo Adoptivo.

Por último y para terminar, reproducimos como expresión clara de justicia histórica lo que escribió la Revista General de Marina como motivo de su muerte:

"La Patria se ve privada de sus servicios cuando mayores frutos podían esperarse de sus dotes excepcionales, maduradas ya por la experiencia; cuando su energía y sus altos prestigios hubieran podido ser más útiles, acaso más necesarios, dentro de la Marina; cuando su inteligencia poderosa habría aportado valiosísimo concurso a futuros Gobiernos, cuyas posibilidades de éxito han de estar condicionadas por una clara visión del porvenir".

 

 

EL ALMIRANTE DON AGUSTO MIRANDA Y GODOY, CREADOR DEL ARMA SUBMARINA ESPAÑOLA

 

 

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De Carlos Bonaplata Requeijo

 

 

LIBROS SOBRE EL MAR, LA MARINA Y LOS BUQUES

 

 

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