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Manual de inquisidores |
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· DIRECTORIVM INQUISITORVM DE FRAY NICOLÁS EYMERIC
SINOPSIS: Nicolás Eymerich, inquisidor general del Reino de
Aragón, escribió hacia 1376 en Aviñón un libro que alcanzaría suma
importancia por su amplísima codificación de las prácticas y las argumentaciones,
tanto teológicas como ideológicas, que justificaban la existencia del aparato
represor de la Iglesia. Se trataba del "Directorium Inquisitorum (Manual
de Inquisidores)", un tratado donde recopiló las leyes y normas esenci José Antonio Fortea es el TRADUCTOR, seleccionó los
textos e hizo la introducción de MANUAL DE INQUISIDORES José Antonio Fortea
Cucurull (Barbastro, 1968) es sacerdote y teólogo especializado en
Demonología. Cursó sus estudios de Teología para el sacerdocio en la
Universidad de Navarra. Se licenció en la especialidad de Historia de la
Iglesia en la Facultad de Teología de Comillas. Pertenece al presbiterio de
la diócesis de Alcalá de Henares (Madrid). En 1998 defendió su tesis de
licenciatura «El exorcismo en la época actual» dirigida por el Secretario de
la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española.
En octubre de 2001 fue nombrado arcipreste. · Página web del autor: www.fortea.ws
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MANUAL DE INQUISIDORES |
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José Antonio Fortea
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ISBN: 8497344456
¿Qué fue la Inquisición?
¿Acaso no demostraremos una vez más, siguiendo las element
Repetidas veces a lo largo de muchos años me he preguntado qué sucesión de
acontecimientos tuvieron que pasar para que se pueda explicar lo que hicieron
los cristianos durante novecientos años después de sufrir las últimas
persecuciones rom
La respuesta es mucho más compleja de lo que la gente suele suponer, y esto es
así porque para responderla lo primero es conocer qué fue en verdad la
Inquisición. No olvidemos que este es uno de esos temas históricos en los que
la ficción ha logrado deformar intensamente la visión de la realidad. La
Inquisición es una vergüenza absolutamente reprobable, una mancha (otra más) de
la historia de la humanidad. Sin embargo, la Inquisición auténtica y real no
fue tal y como nos pintan ciertos relatos. Hagamos una
Bastará leer este libro, este manual de la época, para que se derrumben no
pocos esquemas preestablecidos acerca de esta judicatura de la teología. Los
juicios acerca de la Inquisición son muy opinables, incluidos los míos, pero
los hechos no son opinables. El manual de un inquisidor del siglo XIV no es una
opinión más sobre el tema, es un hecho objetivo. Leer este libro supone
descubrir en qué cantidad de detalles contrarios a la realidad histórica
incurren la casi totalidad de las novelas, películas y opiniones del ciudadano
corriente. La Inquisición no fue como cada uno se la imagina, sino como nos
dicen los escritos de la época. Es necesario darse cuenta de la complejidad de
esta institución y del peligro de las afirmaciones simplistas, porque la
realidad casi siempre es más compleja de lo que imaginamos.
Correo electrónico:
Dirección:
Rvdo. José Antonio Fortea
Parroquia Ntra. Sra. de Zulema
28 819 Villalbilla
España
FRAY NICOLAS EYMERIC
Así
debía ser un buen inquisidor EL MUNDO
Fray Nicolás Eymeric, inquisidor general de
Aragón, hizo de su “Directorium Inquisitorum” una auténtica guía para condenar
herejes. En él definía quiénes debían ser perseguidos y cuáles eran las penas a
imponer. José Antonio Fortea –exorcista y sacerdote católico– acaba de traducir
este libro de 1376, que supone un viaje en el tiempo por la irracionalidad
teológica que movía la justicia católica.
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Por Martín Mucha
El inquisidor, ¿puede atormentar a los testigos para obtener la
verdad? ¿Puede castigar a los que manifiestamente han testificado contra un
inocente? ¿Puede castigar a los que simplemente han testificado en falso?
Respondemos que sí, que puede..." (Manual de Inquisidores, primera parte,
capítulo XXXIV). Ellos decidían destinos. Porque el Papa los investía del poder
de Dios, les daba la espada de la fe para liberar la tierra de los impíos. Los
inquisidores contaban con dos armas: la Biblia y el Directorium Inquisitorum de
Fray Nicolás Eymeric. Esta obra fue parida probablemente en Aviñón, en 1376, 20
años después de que Eymeric hubiese sido nombrado inquisidor general de Aragón.
En tierras ibéricas aprendió que había muchos entuertos que desfacer. E hizo un
manual sencillo, conciso, de cómo debían actuar. Sin saberlo, hizo un tratado
de la filosofía vital de una época. Y la descripción de los fundamentos de una
institución que nació en 1231, con Gregorio IX. Su último aliento fue en España
en 1821; casi seis siglos después, con muchas almas enviadas al infierno.
"Esa época invocó uno de los más malignos demonios que
existen, la maquinaria de represión del pensamiento", señala José Antonio
Fortea, un hombre que ha visto los diversos rostros del diablo. Este exorcista
—sólo hay dos en España— y especialista en demonología ha traducido y comentado
a Eymeric. El resultado es un ejercicio de taxidermia sobre un proceso jurídico
irracional.
Bastaban indicios, pequeños rumores para que el aparato inquisitorial
comenzase a andar. "Qué han de ser considerados indicios suficientes o
causas razonables para exponer a alguien a los inte- rrogatorios y tormentos es
algo que no se puede determinar con una norma perfecta e infalible, aunque aquí
se dan algunas reglas. La primera es que si se ve que el delatado en sus
confesiones vacila (...). La segunda regla es que si contra alguien que ya
tiene fama de ser hereje se encuentra a un testigo, sólo uno, pero que es
testigo no de oídas, entonces hay que hacerle preguntas al difamado",
cuenta Fortea.
Se trataba de sostener las tesis con criterios casi lógicos;
ecuaciones teológicas imperfectas para justificar acciones: "La mala fama
y un testigo constituyen dos indicios fuertes. Dos indicios fuertes bastan para
atormentar (...). La quinta regla es que también ha de ser interrogado alguien
si tiene varios indicios fuertes contra él, aunque ni tenga mala fama, ni
testigo que no sea de oídas. Pues los muchos indicios (...) bastan para
torturar" (parte primera, capítulo XXVII). Prácticamente toda razón se
admitía.
El poder de la tortura mitificó a los inquisidores. Los llenó de
un poder sostenido por las reflexiones de Eymeric, que ordenó tesis sueltas y
respondió preguntas fundament
El Directorium Inquisitorum definió la real jerarquía dentro de
la Iglesia Católica de los inquisidores. "Si los obispos o los prelados
proceden con su autoridad ordinaria, como el inquisidor actúa con autoridad
delegada, entonces ciertamente es mayor la autoridad del inquisidor que la del
obispo" (parte primera, capítulo V). ¿Quiénes podían alcanzar la categoría
de inquisidores? La respuesta siempre fue absolutamente vaga. "El
inquisidor debe ser de vida honesta, circunspecto por la prudencia, firme en la
constancia, erudito eminentemente en la doctrina de la fe, bien ceñido de
virtudes" (parte primera, capítulo I). Sólo es concreto en una cosa. Debe
tener 40 años.
Se sabe que eran personas ligadas al papado que podían defender
sus intereses políticos y enfrentarse a sus enemigos. Por ello, podía "ir
con tropa armada y tener cárcel propia". Las técnicas para obtener
información fueron diversas y sostenidamente ingeniosas. Iban desde el potro y
la garrucha —estiramiento corporal al límite—, hasta el brasero, la tortura con
agua y el cepo. Una de las más sádicas fue el "aplastapulgares", un
mecanismo para aplastar los dedos de las manos o de los pies (aunque había
variantes para codos y rodillas). Consistía en unas tablillas con agujeros
minúsculos donde se introducían los dedos de las manos y los pies
destrozándolos a su paso por las ranuras.
Pero nadie derrotaba a "la doncella de hierro".
Permitía una muerte lenta. Era tan tenebrosa que apenas se usó, pues su sola
cercanía atemorizaba. Era simplemente un sarcófago de metal que tenía púas en
su interior.
El hereje arrepentido no era condenado a muerte, se libraba de
ella. Su pena era conmutada y sólo pasaría a estar en prisión de por vida,
condenado a llevar pesadas cruces delante y detrás y a ser "atormentado
con el pan de la angustia y el agua del dolor". Eso, además de sanciones
pecuniarias para sostener el aparato logístico de la Inquisición.
"El inquisidor, ¿puede exigir los gastos de aquéllos contra
los que procede y condenar con sentencia a pagar esos gastos? Respondemos que
así como los estipendios no dan suficiente como para ejercer el oficio, ‘a
nadie se le pide que milite a su costa’, como se dice en la primera epístola a
los corintios, así también los inquisidores, que son jueces delegados, pueden
pedir los gastos" (parte primera, capítulo XLVII).
Los enemigos mort
Ésos no son los únicos privilegios. No tenía que rendir cuentas
de lo recaudado en concepto de gastos.
En caso de muerte del que ha sido castigado, la penitencia no
será cumplida por los herederos; esto sólo cuando implicaba oraciones, ayunos o
peregrinaciones. En lo referente a bienes, la pena se hereda. Se puede extender
a hijos, súbditos y sobrinos. Indistintamente en línea paterna y materna.
"El nombre de herejía conlleva tres cosas: elección,
adhesión y división" (tercera parte, capítulo III). Léase, Dios reñía con
el concepto de la libertad. La tercera parte del Directorium Inquisitorum
aniquila todo pensamiento alejado del catolicismo más ortodoxo. Y condena por
igual a seguidores de Platón que a adoradores del diablo.
Se enumeran las condenas a filósofos como Platón. Era herejía
pensar, como él, que "el alma era un único Dios que habitaba en
todos". "Que cualquier cosa está constituida por átomos, cuerpos
minúsculos, y que, cuando los átomos se dividen, la cosa se corrompe. Y cuando
se unen, algo se genera". Aristóteles merecía la hoguera por sostener
teorías tan etéreas e inofensivas como que "el movimiento no empezó, ni el
tiempo, sino que todas las cosas fueron desde la eternidad".
Alos que leían a Averroes los sacrificaban por sostener que
"sólo existía un único intelecto para todos los hombres (...). De esto se
podría inferir que el alma condenada de Judas es el alma salvada de Pedro, lo
que es herético".
Rabí Moisés Ben Maimón aparecía en ese index por decir que la
"fornicación simple no es de ningún modo pecado por derecho natural, sino
que es pecado sólo por prohibición de la ley. Esto lo dicen los cínicos,
llamados así por su inmundicia e impudicia, pues, como los perros, copulan
abiertamente (...). Dicen que sería lícito y honesto unirse a las esposas en
los lugares abiertos, en los caminos y en las plazas. Y de hecho lo hacen. Por
imitar esta costumbre de los perros les vino el nombre".
La irrupción histórica de la Inquisición logró detener una
segmentación aún mayor del cristianismo. "Se debe entender que esta
institución sólo perseguía a los que profesaban la religión; por ejemplo, los
judíos no eran juzgados, a excepción de los que se habían convertido al
cristianismo", señala Fortea. Evitó cismas mayores que se veían venir.
En el Directorium se enumeran más de 70 facciones que habían
interpretado las escrituras a su particular modo. Eymeric les puso nombre
propio. Todos los que osaban contradecir a Roma eran enemigos.
En la misma selección estaban los adoradores de Caín, los
llamados cainitas. Los nicolaítas, por Nicolás, diácono de la Iglesia de
Jerusalén, quien fue nombrado por Pedro. Este abandonó a su esposa por causa de
su belleza. Permitió que quien quisiera usurpar su puesto con ella lo hiciera.
Intercambiaban parejas. Los circunceliones, una suerte de secta masoquista, se
mataban entre ellos mismos por amor al martirio. Se hacían llamar mártires.
Éstos estaban en la misma lista que sectas mucho más
inofensivas, como los acuarianos, perseguidos porque solían ofrecer agua, en
lugar de vino tinto, en el cáliz del sacramento. O los hieraquitas, cuya falta
era que creían que en el cielo no había lugar para los niños. Los
antidicomaritas, porque tuvieron el atrevimiento de contradecir la virginidad
de María, pero no antes del nacimiento de Cristo, sino después. La atacaban al creer
que ella, después de que nació Jesús, tuvo relaciones sexu
Rescata, además, el espíritu visionario de los jovinianos, que
sostenían que no había ninguna diferencia entre las casadas y las vírgenes, o
entre los que ayunan y los que comen sencillamente. La virtud estaba, para
ellos, "en algo más".
Según la particular cosmovisión de Eymeric, los adoradores de
demonios no eran herejes. Ellos quemaban anim
En el jubileo del año 2000, el papa Juan
Los últimos días de su vida, Fray Nicolás Eymeric los vivió en
Girona, donde nació y volvió para morir. En su epitafio se escribe:
"Praedicator veridicus, inquisitor intrepidus, doctor egregius". Un
homenaje a su obra. Al manual que llevaba a los hombres al infierno.
A pesar del
tiempo transcurrido desde la abolición de la Inquisición, se siguen publicando
volúmenes que tratan sobre la misma.
En esta ocasión La esfera de los libros reedita un libro fundamental para
entender la Inquisición, su razón de ser y su funcionamiento. Se trata del
Directorium Inquisitorvm, obra escrita en 1376 por Nicolás Eymeric, inquisidor
general del Reino de Aragón.
El libro es un compendio de toda la regulación canónica existente en la época
así como una recopilación de las justificaciones que la Teología había
elaborado.
No obstante, y a pesar del carácter fundamental del Directorium, hay que
aclarar que es una obra interesante principalmente para iniciados en el estudio
del tema, y no para los que busquen una obra divulgativa.
En cuanto a la aportación de José Antonio Fortea, además del nuevo orden dado a
la obra de Eymeric, destaca la introducción y el apéndice. Estas dos partes, si
bien breves, sí tienen un fuerte componente divulgativo, mostrándonos que la Inquisición
no fue tan cruel como muchos se imaginan. En ellos, Fortea insiste en la
necesidad de juzgar a la Inquisición según la mentalidad de la época,
recalcando, en cualquier caso, que su misma existencia era contraria al
espíritu evangélico. Destaca igualmente el esfuerzo por intentar mostrar la
imagen real de lo que la Inquisición fue, alejándose, por tanto, de un imagen
preconcebida y hoy en día mayoritaria producto en parte de la leyenda negra de
la Iglesia católica. Así, gráficamente, nos expone como en el imaginario
colectivo existe una visión luminosa y soleada de la Grecia clásica o de la
Roma Imperial.
Sin embargo, cuando los europeos nos referimos a la Edad Media surge de manera
espontánea una imagen tenebrosa y oscura. Nos imaginamos a los europeos de
entonces forrados de pieles y haciendo frente a un frío invernal que todo lo
cubría. Sin embargo, ¿por qué si en el Imperio Romano las temperaturas eran las
mismas nos los imaginamos siempre en un vestido escasamente protector? Este
ejemplo le sirve a Fortea para llamarnos la atención sobre la influencia de los
perjuicios, que incluso para los historiadores están presentes. Fortea finaliza
el apéndice haciéndonos notar que “la democracia de por sí no protege del deseo
de purga de las ideas”, por lo que avisa de la posibilidad de que en pleno
siglo XXI surjan nuevas inquisiciones. ¿No habrá surgido quizá ya una nueva, el
pensamiento único, que parece querer borrar cualquier idea que se manifieste en
su contra?
Javier Mª Pérez- Roldán y Suanzes-
Carpegna artículo
Inquisición, institución judicial creada por el pontificado en la
edad media, con la misión de localizar, procesar y sentenciar a las personas
culpables de herejía. En la Iglesia primitiva la pena habitual por herejía era
la excomunión. Con el reconocimiento del cristianismo como religión estatal en
el siglo IV por los emperadores romanos, los herejes empezaron a ser
considerados enemigos del Estado, sobre todo cuando habían provocado violencia
y alteraciones del orden público. San Agustín aprobó con reservas la acción del
Estado contra los herejes, aunque la Iglesia en general desaprobó la coacción y
los castigos físicos.
Orígenes
En el siglo XII, en respuesta al
resurgimiento de la herejía de forma organizada, se produjo en el sur de
Francia un cambio de opinión dirigida de forma destacada contra la doctrina
albigense. La doctrina y práctica albigense parecían nocivas respecto al
matrimonio y otras instituciones de la sociedad y, tras los más débiles
esfuerzos de sus predecesores, el papa Inocencio III organizó una cruzada
contra esta comunidad. Promulgó una legislación punitiva contra sus componentes
y envió predicadores a la zona. Sin embargo, los diversos intentos destinados a
someter la herejía no estuvieron bien coordinados y fueron relativamente
ineficaces.
La Inquisición en sí no se constituyó hasta
1231, con los estatutos Excommunicamus del papa Gregorio IX. Con ellos
el papa redujo la responsabilidad de los obispos en materia de ortodoxia,
sometió a los inquisidores bajo la jurisdicción del pontificado, y estableció
severos castigos. El cargo de inquisidor fue confiado casi en exclusiva a los
franciscanos y a los dominicos, a causa de su mejor preparación teológica y su
supuesto rechazo de las ambiciones mund
Dos inquisidores con la misma autoridad
--nombrados directamente por el Papa-- eran los responsables de cada tribunal,
con la ayuda de asistentes, notarios, policía y asesores. Los inquisidores
fueron figuras que disponían de imponentes potestades, porque podían excomulgar
incluso a príncipes. En estas circunstancias sorprende que los inquisidores
tuvieran fama de justos y misericordiosos entre sus contemporáneos. Sin
embargo, algunos de ellos fueron acusados de crueldad y de otros abusos.
Procedimientos
Los inquisidores se establecían por un
periodo definido de sem
Si los inquisidores decidían procesar a una
persona sospechosa de herejía, el prelado del sospechoso publicaba el
requerimiento judicial. La policía inquisitorial buscaba a aquellos que se
negaban a obedecer los requerimientos, y no se les concedía derecho de asilo.
Los acusados recibían una declaración de cargos contra ellos. Durante algunos
años se ocultó el nombre de los acusadores, pero el papa Bonifacio VIII abrogó
esta práctica. Los acusados estaban obligados bajo juramento a responder de
todos los cargos que existían contra ellos, convirtiéndose así en sus propios
acusadores. El testimonio de dos testigos se consideraba por lo general prueba
de culpabilidad.
Los inquisidores contaban con una especie de
consejo, formado por clérigos y laicos, para que les ayudaran a dictar un
veredicto. Les estaba permitido encarcelar testigos sobre los que recayera la
sospecha de que estaban mintiendo. En 1252 el papa Inocencio IV, bajo la
influencia del renacimiento del Derecho romano, autorizó la práctica de la
tortura para extraer la verdad de los sospechosos. Hasta entonces este
procedimiento había sido ajeno a la tradición canónica.
Los castigos y sentencias para los que
confesaban o eran declarados culpables se pronunciaban al mismo tiempo en una
ceremonia pública al final de todo el proceso. Era el sermo generalis o
auto de fe. Los castigos podían consistir en una peregrinación, un suplicio
público, una multa o cargar con una cruz. Las dos lengüetas de tela roja
cosidas en el exterior de la ropa señalaban a los que habían hecho falsas
acusaciones. En los casos más graves las penas eran la confiscación de
propiedades o el encarcelamiento. La pena más severa que los inquisidores
podían imponer era la de prisión perpetua. De esta forma la entrega por los
inquisidores de un reo a las autoridades civiles, equivalía a solicitar la
ejecución de esa persona.
Aunque en sus comienzos la Inquisición dedicó
más atención a los albigenses y en menor grado a los valdenses, sus actividades
se ampliaron a otros grupos heterodoxos, como la Hermandad, y más tarde a los
llamados brujas y adivinos. Una vez que los albigenses estuvieron bajo control,
la actividad de la Inquisición disminuyó, y a fin
El Santo Oficio
Alarmado por la difusión del protestantismo y
por su penetración en Italia, en 1542 el papa
Durante los 12 primeros años, las actividades
de la Inquisición rom
Inquisición española
Diferente también de la Inquisición medieval,
la Inquisición española se fundó con aprobación papal en 1478, a propuesta del
rey Fernando V y la reina Isabel I. Esta Inquisición se iba a ocupar del
problema de los llamados marranos, los judíos que por coerción o por presión
social se habían convertido al cristianismo; después de 1502 centró su atención
en los conversos del mismo tipo del Islam, y en la década de 1520 a los
sospechosos de apoyar las tesis del protestantismo. A los pocos años de la
fundación de la Inquisición, el papado renunció en la práctica a su supervisión
en favor de los soberanos españoles. De esta forma la Inquisición española se
convirtió en un instrumento en manos del Estado más que de la Iglesia, aunque
los eclesiásticos, y de forma destacada los dominicos, actuaran siempre como
sus funcionarios.
La Inquisición española estuvo dirigida por
el Consejo de la Suprema Inquisición, pero sus procedimientos fueron similares
a los de su réplica medieval. Con el tiempo se convirtió en un tema popular, en
especial en las zonas protestantes, por su crueldad y oscurantismo, aunque sus
métodos fueran parecidos a los de instituciones similares en otros países
católicos romanos y protestantes de Europa. Sin embargo, su superior
organización y la consistencia del apoyo que recibía de los monarcas españoles,
descollando Felipe II, hicieron que tuviera un mayor impacto en la religión, la
política o la cultura que las instituciones paralelas de otros países. Esta
eficacia y el apoyo político permitieron a Tomás de Torquemada, el primero y más notable gran inquisidor, ejecutar por miles a
supuestos herejes.
El gran inquisidor y su tribunal tenían
jurisdicción sobre los tribun
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