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03/10/2005

El sector

La crisis del libro señala al Gobierno (Antonio Astorga - ABC / Madrid)

 

«En Liber´05 el discurso que vamos a presentar va a ser duro, no podía ser de otra manera», anuncian los editores.

Las voces que de esto saben (y mucho) hablan de un caos tan perfecto en el sector del libro nunca visto en los últimos veinte años. Todo proviene, aseguran, de una raíz: «La falta de una Ley del Libro consensuada y adecuada a las circunstancias». Se lamentan de que el Gobierno no haya abanderado las peticiones del sector cuando España es una potencia mundial en la industria y el comercio libresco. Como muestra, una página: en Andalucía, editores, libreros, distribuidores y autores han concluido que el cambio de modelo de ayudas a las familias para la adquisición de libros de texto -el cheque-libro- por el sistema de préstamo de libros usados «tendrá muy graves consecuencias y provocará el cierre del 66 por ciento de las librerías andaluzas», según la Asociación Nacional de Editores de Libros y Material de Enseñanza.

La facturación anual de las ventas de libros educativos se verá reducida al 25 por ciento. El c
anal librero andaluz pierde cuota de mercado y pujanza por primera vez en una década, de acuerdo a los datos del comercio interior del libro que se darán a conocer en Liber´05 (Feria Internacional del Libro). Las pequeñas librerías se están viendo obligadas a vaciar sus estanterías. La crisis señala al Gobierno. Las librerías se desprenden de su escaparate y las editoriales están obligadas a recibir un sobrante que actúa contra su cuenta de resultados. Competencias desleales. Lanzamientos que bordean la norma del precio fijo. ABC lanza el debate con cuatro destacados representantes del sector.

Panorama caótico desde el puente

Fernando Valverde, presidente de la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros, señala que el sistema de la gratuidad de los libros de texto se ha implantado de manera gradual en Castilla La Mancha, Aragón, Andalucía, Galicia y Madrid: «En esta última Comunidad, en los años 2000 y 2001, la situación fue muy dramática». Cerraron muchas librerías. En Andalucía, el panorama es muy crítico, advierte: «Hasta ahora funcionaba un sistema de cheque-libro, de copago que los padres valoraban y la Administración mantenía. La industria editorial andaluza había experimentado una cierta pujanza así. Pero se ha cambiado por un sistema de cheques mediante el cual el alumno tiene que entregar el libro al centro. Todo ello produce un deterioro de la imagen del libro y de la red de librerías. De hecho, en poblaciones de menos de 25.000 habitantes, el libro de texto permitía la pervivencia del resto de libros de la librería». Los libreros, asegura Valverde, «jamás nos opusimos a la implantación de la gratuidad; pero sí nos opusimos al modelo».

El problema no es la gratuidad, sostiene Javier Cortés, director general de la editorial SM: «El problema es que en España no hay políticas del libro. Hay demagogia, pero no tenemos inversión en bibliotecas, no hay bibliotecas escolares. Vamos a presentar en Liber un estudio de Idea -instituto de evaluación educativa de SM- en donde se denuncia el desastre de lo que hoy son las bibliotecas escolares. Está muy bien que se den subvenciones al libro de texto, pero ¿no será mejor favorecer e invertir dinero en bibliotecas escolares y públicas? Llevamos un año y medio de Gobierno y hasta ahora no hemos tenido ninguna iniciativa».

Juan
Manuel Cruz, propietario de la Librería Rayuela de Málaga y presidente de los libreros andaluces, asegura que la coexistencia del sistema de préstamos con el decreto ley sobre descuentos libres al libro va a reducir en un 75 por ciento el mercado: «Venimos reclamando insistentemente la supresión de ese descuento que puso en práctica el anterior Gobierno del PP, para sustituirlo por un precio libre o fijo». La confluencia de esos dos factores va a producir un daño enorme en el tejido libresco: «Las pequeñas librerías necesitan el libro de texto para subsistir», reclama Juan Manuel Cruz.

Para Antonio María Ávila, director ejecutivo del Gremio de Editores, el problema tampoco es la gratuidad, «sino la estafa del método que ha surgido», abunda. «El préstamo de libros de texto se puso en práctica hace 20 años en Alemania, Gran Bretaña, etc... y el resultado ha sido la catástrofe pedagógica para libreros y editores de allí. Y ese modelo lo han abandonado. Es una irresponsabilidad absoluta de los poderes políticos y una demagogia. Se ha tomado una decisión sin ver lo que se ha experimentado en otros países. En las librerías donde se expenden más libros de texto se venden más libros de carácter general. Es una de las medidas más reaccionarias que conozco».

Escenario igualitario

Existe mucha preocupación en el sector librero y editorial por tan apocalíptico paisaje. «Cuando la ministra de Cultura tomó posesión de su cargo, lo primero que le planteamos es que al menos se trabaje en un escenario igualitario para todos, porque es imposible sobrevivir y sostener la gratuidad y un decreto con descuentos ilimitados -expone Fernando Valverde-. Así no pueden sobrevivir las librerías. Las referencias que teníamos de Carmen Calvo eran buenas, pero las cosas se han ralentizado. O no han sabido ver la situación o se han escudado en la falta de competencias por las transferencias a las Autonomías. Cultura tiene que salir en defensa de una red librera, pieza clave de la cultura. Desgraciadamente nos encontramos ante un Gobierno que está parado. Hace promesas, pero no se traduce en la práctica en nada. Y estamos enfadados».

En Andalucía, según un estudio del comercio interior del libro que se hará público en Liber, el c
anal librero ha perdido cuota de mercado en 2004 «con respecto a los últimos diez años en donde su labor ha sido pujante», señala Fernando Valverde. Esta dato confirma la negativa incidencia en el sector del libro de unas medidas «cuyas consecuencias van a afectar a muchas librerías».

«Este año ya han cerrado algunas librerías», puntualiza Javier Cortés, «aunque aún no disponemos de datos detallados. Los poderes públicos tienen la responsabilidad de actuar sobre este sector y deben hacerlo educativamente, promoviendo la lectura, con incentivos a la lectura, a los lectores y a las empresas. Nunca la industria editorial ha estado subvencionada. Somos una gran potencia. No exigimos nada. Simplemente que se actúe». Más del 40 por ciento de la cifra de facturación media en toda España corresponde al libro de texto: «A veces el texto representa el 60 por ciento de la rentabilidad de una librería; por lo tanto si tú quitas el apartado del texto del ámbito de las librerías, éstas se hunden», zanja tajante Ávila. «El Gobierno central debería tener un interlocutor y luego invertir. ¿Quién es el que paga el «pato» al final? Las clases menesterosas. Un padre responsable le compra uno y doscientos libros a sus hijos, pero el que no pueda costearlos no puede comprarlos». Juan
Manuel Cruz analiza desde Andalucía el profundo perjuicio pedagógico que puede causar la medida del préstamo. Durante cuatro o hasta seis años (como en Castilla La Mancha) el libro pasa de mano en mano sin ser actualizado, con tachaduras, borrones, anotaciones, esquemas y enmiendas que pueden confundir al alumno: «La población no conoce el verdadero alcance de esta medida de gratuidad. Un libro que no se actualizado en seis años es una barbaridad». Sobre la gratuidad, el director general de SM especifica: «No está en la legislación, pero es una sensibilidad social que existe. Este es un modelo de gratuidad que no es gratuidad, sino asegurar que el niño tenga el libro usado cuatro años. Está muy bien la gratuidad y todos estamos de acuerdo, pero el problema es que la gratuidad es libro usado, excepto en primer ciclo de Primaria. Y el libro usado es una forma de desvalorizar el libro».

«Un modelo nefasto»

Juan
Manuel Cruz incorpora un dato esencial al debate: «El modelo de préstamo provocará una discriminación educativa entre la enseñanza pública y la privada. Todo se ha hecho con una prisa histérica. Se nos ha ignorado y marginado. No entendemos este ataque brutal. Se nos ha pasado por encima como una apisonadora». Las pequeñas librerías están en crisis desde hace años. La facturación anual de muchas de ellas, entre un 30 y un 40 por ciento, es de libros de texto. «El principio está muy bien, pero se está manejando con una cierta demagogia. Lo que es nefasto es la aplicación del modelo. Nefasto para el alumno, para las familias, para las librerías. Un Gobierno de izquierdas que tiene la cultura como emblema debería planteárselo», concluye Javier Cortés.

Las pequeñas librerías se están viendo obligadas a vaciar sus estanterías y a echar el cierre

 

 

 

 

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