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La
crisis del libro señala al Gobierno (Antonio Astorga - ABC / Madrid)
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«En Liber´05 el discurso que vamos a presentar va a ser
duro, no podía ser de otra manera», anuncian los editores.
Las voces que de esto saben (y mucho) hablan de un caos tan perfecto en el
sector del libro nunca visto en los últimos veinte años. Todo proviene,
aseguran, de una raíz: «La falta de una Ley del Libro consensuada y
adecuada a las circunstancias». Se lamentan de que el Gobierno no haya
abanderado las peticiones del sector cuando España es una potencia mundial
en la industria y el comercio libresco. Como muestra, una página: en
Andalucía, editores, libreros, distribuidores y autores han concluido que
el cambio de modelo de ayudas a las familias para la adquisición de libros
de texto -el cheque-libro- por el sistema de préstamo de libros usados
«tendrá muy graves consecuencias y provocará el cierre del 66 por ciento de
las librerías andaluzas», según la Asociación Nacional de Editores de
Libros y Material de Enseñanza.
La facturación anual de las ventas de libros educativos se verá reducida al
25 por ciento. El canal librero andaluz pierde cuota de mercado y pujanza por
primera vez en una década, de acuerdo a los datos del comercio interior del
libro que se darán a conocer en Liber´05 (Feria
Internacional del Libro). Las pequeñas librerías se están viendo obligadas
a vaciar sus estanterías. La crisis señala al Gobierno. Las librerías se
desprenden de su escaparate y las editoriales están obligadas a recibir un
sobrante que actúa contra su cuenta de resultados. Competencias desleales.
Lanzamientos que bordean la norma del precio fijo. ABC lanza el debate con
cuatro destacados representantes del sector.
Panorama caótico desde el puente
Fernando Valverde, presidente de la Confederación Española de Gremios y
Asociaciones de Libreros, señala que el sistema de la gratuidad de los
libros de texto se ha implantado de manera gradual en Castilla La Mancha,
Aragón, Andalucía, Galicia y Madrid: «En esta última Comunidad, en los años
2000 y 2001, la situación fue muy dramática». Cerraron muchas librerías. En
Andalucía, el panorama es muy crítico, advierte: «Hasta ahora funcionaba un
sistema de cheque-libro, de copago que los padres
valoraban y la Administración mantenía. La industria editorial andaluza
había experimentado una cierta pujanza así. Pero se ha cambiado por un
sistema de cheques mediante el cual el alumno tiene que entregar el libro
al centro. Todo ello produce un deterioro de la imagen del libro y de la
red de librerías. De hecho, en poblaciones de menos de 25.000 habitantes,
el libro de texto permitía la pervivencia del resto de libros de la
librería». Los libreros, asegura Valverde, «jamás nos opusimos a la
implantación de la gratuidad; pero sí nos opusimos al modelo».
El problema no es la gratuidad, sostiene Javier Cortés, director general de
la editorial SM: «El problema es que en España no hay políticas del libro.
Hay demagogia, pero no tenemos inversión en bibliotecas, no hay bibliotecas
escolares. Vamos a presentar en Liber un estudio
de Idea -instituto de evaluación educativa de SM- en donde se denuncia el
desastre de lo que hoy son las bibliotecas escolares. Está muy bien que se
den subvenciones al libro de texto, pero ¿no será mejor favorecer e
invertir dinero en bibliotecas escolares y públicas? Llevamos un año y
medio de Gobierno y hasta ahora no hemos tenido ninguna iniciativa».
Juan Manuel Cruz, propietario de la Librería
Rayuela de Málaga y presidente de los libreros andaluces, asegura que la
coexistencia del sistema de préstamos con el decreto ley sobre descuentos
libres al libro va a reducir en un 75 por ciento el mercado: «Venimos
reclamando insistentemente la supresión de ese descuento que puso en
práctica el anterior Gobierno del PP, para sustituirlo por un precio libre
o fijo». La confluencia de esos dos factores va a producir un daño enorme
en el tejido libresco: «Las pequeñas librerías necesitan el libro de texto
para subsistir», reclama Juan Manuel Cruz.
Para Antonio María Ávila, director ejecutivo del Gremio de Editores, el
problema tampoco es la gratuidad, «sino la estafa del método que ha
surgido», abunda. «El préstamo de libros de texto se puso en práctica hace
20 años en Alemania, Gran Bretaña, etc... y el
resultado ha sido la catástrofe pedagógica para libreros y editores de
allí. Y ese modelo lo han abandonado. Es una irresponsabilidad absoluta de
los poderes políticos y una demagogia. Se ha tomado una decisión sin ver lo
que se ha experimentado en otros países. En las librerías donde se expenden
más libros de texto se venden más libros de carácter general. Es una de las
medidas más reaccionarias que conozco».
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Escenario
igualitario
Existe mucha preocupación en el sector librero y editorial por tan
apocalíptico paisaje. «Cuando la ministra de Cultura tomó posesión de su
cargo, lo primero que le planteamos es que al menos se trabaje en un
escenario igualitario para todos, porque es imposible sobrevivir y sostener
la gratuidad y un decreto con descuentos ilimitados -expone Fernando
Valverde-. Así no pueden sobrevivir las librerías. Las referencias que
teníamos de Carmen Calvo eran buenas, pero las cosas se han ralentizado. O
no han sabido ver la situación o se han escudado en la falta de competencias
por las transferencias a las Autonomías. Cultura tiene que salir en defensa
de una red librera, pieza clave de la cultura. Desgraciadamente nos
encontramos ante un Gobierno que está parado. Hace promesas, pero no se
traduce en la práctica en nada. Y estamos enfadados».
En Andalucía, según un estudio del comercio interior del libro que se hará
público en Liber, el canal librero ha perdido cuota de
mercado en 2004 «con respecto a los últimos diez años en donde su labor ha
sido pujante», señala Fernando Valverde. Esta dato
confirma la negativa incidencia en el sector del libro de unas medidas
«cuyas consecuencias van a afectar a muchas librerías».
«Este año ya han cerrado algunas librerías», puntualiza Javier Cortés,
«aunque aún no disponemos de datos detallados. Los poderes públicos tienen
la responsabilidad de actuar sobre este sector y deben hacerlo
educativamente, promoviendo la lectura, con incentivos a la lectura, a los
lectores y a las empresas. Nunca la industria editorial ha estado
subvencionada. Somos una gran potencia. No exigimos nada. Simplemente que
se actúe». Más del 40 por ciento de la cifra de facturación media en toda
España corresponde al libro de texto: «A veces el texto representa el 60
por ciento de la rentabilidad de una librería; por lo tanto si tú quitas el
apartado del texto del ámbito de las librerías, éstas se hunden», zanja
tajante Ávila. «El Gobierno central debería tener un interlocutor y luego
invertir. ¿Quién es el que paga el «pato» al final? Las clases
menesterosas. Un padre responsable le compra uno y doscientos libros a sus
hijos, pero el que no pueda costearlos no puede comprarlos». Juan Manuel Cruz analiza desde Andalucía el profundo
perjuicio pedagógico que puede causar la medida del préstamo. Durante
cuatro o hasta seis años (como en Castilla La Mancha) el libro pasa de mano
en mano sin ser actualizado, con tachaduras, borrones, anotaciones,
esquemas y enmiendas que pueden confundir al alumno: «La población no
conoce el verdadero alcance de esta medida de gratuidad. Un libro que no se
actualizado en seis años es una barbaridad». Sobre la gratuidad, el
director general de SM especifica: «No está en la legislación, pero es una
sensibilidad social que existe. Este es un modelo de gratuidad que no es
gratuidad, sino asegurar que el niño tenga el libro usado cuatro años. Está
muy bien la gratuidad y todos estamos de acuerdo, pero el problema es que
la gratuidad es libro usado, excepto en primer ciclo de Primaria. Y el
libro usado es una forma de desvalorizar el libro».
«Un modelo nefasto»
Juan Manuel Cruz incorpora un dato esencial
al debate: «El modelo de préstamo provocará una discriminación educativa
entre la enseñanza pública y la privada. Todo se ha hecho con una prisa
histérica. Se nos ha ignorado y marginado. No entendemos este ataque
brutal. Se nos ha pasado por encima como una apisonadora». Las pequeñas
librerías están en crisis desde hace años. La facturación anual de muchas
de ellas, entre un 30 y un 40 por ciento, es de libros de texto. «El
principio está muy bien, pero se está manejando con una cierta demagogia.
Lo que es nefasto es la aplicación del modelo. Nefasto para el alumno, para
las familias, para las librerías. Un Gobierno de izquierdas que tiene la
cultura como emblema debería planteárselo», concluye Javier Cortés.
Las pequeñas librerías se están viendo obligadas a vaciar sus estanterías y
a echar el cierre
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