A SAGA DE SAN FERREOL

A SAGA DE SAN FERREOL. OS FERROLANS CONSTRUIRAN BARCOS FERROL

Editorial:
BIBLOS
Año de edición:
Materia
INFANTIL Y JUVENIL
ISBN:
978-84-935609-1-1
Páginas:
42
Encuadernación:
CARTONÉ
Disponibilidad:
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FERROL
«A saga de San Ferreol», o la fuerza de lo legendario

Literatura Narrativa de tradición atlántica para todas las edades

Esperanza Piñeiro / Andrés Gómez


El libro está ilustrado por Pérez Porto

Un hermoso libro, A saga de San Ferreol , acaba de nacer para disfrute y fantasía de los niños -y no sólo niños- ferrolanos. La sensibilidad de Ramón Loureiro recupera la leyenda sustentada en la etimología del nombre de Ferrol. Una leyenda, ahora casi adormecida, pero que en el pasado recordaba con fuerza nuestra pertenencia a las culturas atlánticas: nuestra ciudad se denominaba así por San Ferreol que, como tantos otros, llegó por mar.

Un tema, el de los santos que navegan, común en el imaginario de los pueblos bretones y también de los gallegos. ¿No llegó por mar el Cristo de los Navegantes custodiado en la iglesia del Socorro de Ferrol Vello? La tradición refiere que arribó en un barco cargado de sal, el cual tres veces quiso zarpar y otras tantas veces se lo impidió un temporal hasta que el Cristo desembarcó y los mares amainaron.

El retorno a las aguas

¿No fueron las olas las que empujaron al Cristo de Santa María de Neda hacia el fondo de la ría, y hubo que encadenarlo porque, una y otra vez, la imagen retornaba a las aguas? Igualmente se dice que la imagen de Santa Comba, acompañada de su hijo San Silvestre, atracó en su isla de Covas tras navegar en una barca de piedra. ¿Y acaso no cuentan que los pescadores mugardeses atraparon en sus redes a Santa Lucía? Las leyendas crecen, se transmiten y enriquecen al pueblo que las crea. Los habitantes de Ferrol, científicos y racionales, al mismo tiempo gustan de sumergirse en el ensueño y la imaginación y crear y transmitir explicaciones míticas que siempre esconden un hecho real. Así, sabemos que las tallas inglesas de Cristos y santos llegaron a bordo de barcos mercantes huyendo de la prohibición impuesta por las ideas protestantes. Si nos remontamos más atrás, encontramos documentada la llegada a nuestras costas de grupos de cristianos bretones en los albores del Medievo, huyendo de las invasiones anglosajonas. Estos cristianos, que contribuyeron a evangelizar el norte galaico, es posible que transmitieran la devoción por San Ferreol, que fue obispo de Limoges y gran difusor del cristianismo. También Montero Aróstegui habla de un pasado de relaciones con normandos y bretones, y al referirse al nombre de Ferrol, sitúa su origen en la palabra Ferreol. Cunqueiro, en un artículo publicado por este periódico en 1953, titulado El mar de Ferrol , habla de San Ferreol, que «andaba, como una barca, sobre las olas».

Y asimismo, Xohana Torres, en su discurso de recepción en la Real Academia Galega, habla, «nesta raia de maxia», de San Ferreol. Celebremos ahora la belleza de la palabra de Loureiro y de los colores de Pérez Porto. Porque no hay duda de que un pueblo que ignora sus leyendas está condenado a morir de frío.