?La poes¡a de Arce L‚rida participa de la franqueza de quien a trav‚s de la escritura cavila sobre su peripecia vital, inmerso en los factores que equilibran su universo: los anhelos, la perseverancia, los frutos, las decepciones, la crudeza de un mundo sin claroscuros, la futilidad de los d¡as, el peso de la noche, y el parco equipaje elemental que nos pueda acompa¤ar sin lastre cuando el camino nos aproxima a parajes cada vez m s desnudos. Su consistencia radica en gran medida en su sencilla claridad (?Siempre la claridad viene del cielo; / es un don?, aseveraba Claudio Rodr¡guez como matriz indubitada de su poes¡a en el comienzo de su primer libro), eso tan dif¡cil de lograr que es la naturalidad po‚tica, el hablar sin impostura, cuidando el lenguaje pero us ndolo desde la verdad m s genuina. Se escribe como se reflexiona -me atrever¡a a decir: como se vive-, en este caso en una cadencia confortable que permite comprobar c¢mo se ha conseguido dotar a lo escrito de un car cter unitario y l¢gico: los paisajes interiores que se transitan, reflejo de un exterior amplio y despejado, son a los que cabr¡a llega