?El poemario que Celia Bautista Iglesias nos presenta ahora es una obra de la cotidianeidad, tema que ya podemos intuir en el poema de Francisco Caro que la autora cita al inicio y tambi‚n en el propio t¡tulo del libro. A la hora del t‚ nos revela que los gestos de todos los d¡as pueden ser planteados como forma de entrar po‚ticamente en una dimensi¢n m s profunda y de gran reflexi¢n. (?) Sabores, texturas, olores, luces, sombras, presentes en muchos de los poemas, aportan a esta obra una faceta eminentemente sensorial, en la que la importancia de las dicotom¡as luces/ sombras y silencio/palabra se hacen particularmente notorias. La luz y la palabra se configuran como instrumentos de salvaci¢n del Ser, instrumentos que rescatan al hombre del silencio y de las sombras que condenan inexorablemente al olvido de un tiempo pasado. As¡, la b£squeda de la palabra ?de la voz? va paralela a la b£squeda de la luz, y ambas son metaf¢ricamente la b£squeda de conocimiento, de la comprensi¢n del tiempo presente y de su fruici¢n?. (Cid lia Alves dos Santos, fragmento del pr¢logo)