En 1965, Albert Constant regresa, desganado, a Martinica, consciente de la inutilidad de la investigaci¢n que se ha comprometido a emprender, hostigado por su esposa. No le interesa la venganza; ya sald¢ sus cuentas con el prefecto que intent¢ asesinarlo en el 50, en el patio de la Prefectura de Fort-de-France. Le salv¢ entonces la vida una misteriosa llamada telef¢nica. A sus ojos est resuelto su problema personal, aunque todav¡a quedan algunas inc¢gnitas que renuncia a dilucidar, convencido de la opacidad del mundo que lo rodea. En resumen, no cree en la posibilidad de nuevas revelaciones y se siente rid¡culo haciendo de detective de pacotilla, tras tantos a¤os ausente de la isla. Los descubrimientos vertiginosos que ir consiguiendo, para gran asombro suyo, sobre su propio caso y el de otro compa¤ero comunista, asesinado en circunstancias misteriosas, lo dejar n sin aliento. Una lucha sin tregua por la verdad y contra la impunidad lo enfrentar entonces, junto a su entra¤able amigo Ozana, a una maquiav‚lica pareja: Clarysse Lambert, una criolla manipuladora, y M laga, su enigm tico jardinero andaluz. Tod