Actualmente, adolescentes y jóvenes han integrado los espacios digitales como parte fundamental de su desarrollo personal, social y emocional; las redes sociales no constituyen un espacio accesorio, sino un escenario central donde se construyen vínculos, se negocia la identidad y se busca reconocimiento y pertenencia. Las redes sociales se han convertido en espacios donde proliferan discursos de odio y formas de violencia simbólica que, en muchas ocasiones, pasan desapercibidas o se normalizan. Racismo, xenofobia, homofobia, misoginia, aporofobia y otras formas de intolerancia encuentran en estos entornos un canal de difusión potente, con un alcance que trasciende fronteras geográficas y sociales. Estos discursos no solo generan un clima social hostil, sino que afectan de manera profunda al bienestar emocional, psicológico y social de quienes los reciben y también de quienes los observan de forma pasiva y reiterada. Desde un enfoque preventivo, resulta necesario articular estrategias que ayuden a dotar a estos adolescentes y a sus educadores -familias y docentes- de las herramientas suficientes para identifi