Las fiestas y celebraciones han sido desde siempre una parte importante de la vida cotidiana de toda sociedad. Fiestas de car cter religioso pero fundamentalmente aquellas de orden pol¡tico, marcaron fuertemente las sociedades surgidas de los procesos revolucionarios de la Edad Moderna ?la revoluci¢n americana de 1776 y la francesa de 1789, entre las m s importantes?. Organizadas para conmemorar la ruptura con los sistemas pol¡ticos previos, coloniales unos, regios los otros, adquirieron un matiz propagand¡stico nuevo, centrado en la difusi¢n de los valores e ideas forjados al calor de la desintegraci¢n del Antiguo R‚gimen. En parte por un genuino entusiasmo popular hacia el nuevo orden de cosas, en parte debido a la manipulaci¢n ejercida por las autoridades, estas celebraciones se fueron instalando definitivamente en la vida comunitaria y contribuyeron de manera decisiva en los procesos de formaci¢n de las naciones modernas. En el caso de la Am‚rica hisp nica, el proceso revolucionario abierto en 1808, a partir de la crisis de la monarqu¡a espa¤ola, traz¢ un complejo panorama. En el aspecto festivo, la diso