[?] para acompa¤ar, americanos todos que habl is idioma espa¤ol, el entierro de Jos‚ Mart¡ necesitar¡ase su propia lengua, su ¢rgano prodigioso lleno de innumerables registros, sus potentes coros verbales, sus trompas de oro, sus cuerdas quejosas, sus oboes sollozantes, sus flautas, sus t¡mpanos, sus liras, sus sistros. S¡, americanos, hay que decir qui‚n fue aquel grande que ha ca¡do! Quien escribe estas l¡neas, que salen atropelladas de coraz¢n y cerebro, no es de los que creen en las riquezas existentes de Am‚rica? Somos muy pobres? Tan pobres, que nuestros esp¡ritus, si no viniese el alimento extranjero, se morir¡an de hambre. Debemos llorar mucho por esto al que ha ca¡do! Quien muri¢ all en Cuba era de lo mejor, de lo poco que tenemos nosotros los pobres; era millonario y dadivoso: vaciaba su riqueza a cada instante, y como por la magia del cuento, siempre quedaba rico: hay entre los enormes vol£menes de la colecci¢n de La Naci¢n tanto de su metal fino y piedras preciosas que podr¡a sacarse de all¡ la mejor y m s rica estatua. Antes que nadie, Mart¡ hizo admirar el secreto de las fuentes luminosas. [