DE GALLEGOS, TUCANES Y TRABAJADORES SOCIALES

DE GALLEGOS, TUCANES Y TRABAJADORES SOCIALES

Editorial:
AR
Año de edición:
Materia
MODERNA Y CONTEMPORÁNEA
ISBN:
978-84-16573-73-8
Encuadernación:
paperback
Disponibilidad:
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De gallegos, tucanes y trabajadores sociales es una delirante y divertida historia que nos traslada a la montaña lucense donde Alejandro, un joven acostrumbrado a la ciudad, es destinado como trabajador social. En lo más profundo de la Sierra de Ancares Alejandro descubre un pueblo surrealista habitado por poetas, inglesas de color verde, tontos del pueblo “superdotados” y todo un reparto de personajes con los que tendrá que lidiar para conseguir poner un tejado de pizarra a Eudoisa, , una mujer que sufre síndrome de Diógenes y que vive aislada en una palloza. Con este hilo conductor, el autor reflexiona sobre qué es el trabajo social y las características propias de la montaña lucense como “la retanca” en un texto que nada entre el género auto-biográfico y el surrealismo. Pues tal y como el autor afirma, “Todo lo que acontece en este libro es verdad, salvo algunas cosas, que son mentira”.

-Tengo entendido que estás trabajando como TS en zona rural en Galicia.

Ya no. Estar un año sin cobrar es motivo más que suficiente para mandar todo al carajo y optar por otros proyectos, y éste lo tenía en el pendrive desde hacía unos añitos y pensé que era un buen momento para que viese la luz.

¿Por qué te quisiste dedicar a ser trabajador social?

Yo realmente quería ser biólogo marino, pero me pareció que el Trabajo Social también me podría aportar un montón de aventuras... Y acerté.

-¿Cómo te decidiste a escribir tu libro De gallegos, tucanes y trabajadores sociales ?

Era un proyecto que ya tenía en la cabeza desde hacía muchos años. Casi todas las profesiones tienen una novela de referencia. El tiempo entre suturas en enfermería, Un veterinario en apuros, El antropólogo inocente... Son libros magníficos, que puede leer cualquier persona, pues aprendes mucho sin aburrirte. Pero el trabajo social carecía de ese libro. Es cierto que se hizo alguna intentona, sobre todo desde el cine o la televisión, incluso se llegó a editar algún libro con experiencias particulares. Pero el resultado final era demasiado… ñoño. Todas las experiencias que acumulé durante estos 18 años ejerciendo difieren totalmente de Raquel busca su sitio, por ejemplo... Más bien me recordaban a Doctor en Alaska.

Yo quería dar ese pasito y presentar nuestro trabajo a la sociedad como hacen los médicos con Doctor en Alaska, o Beker, o Urgencias... Con un personaje que en ocasiones puede ser un excelente profesional, pero en otras un capullo integral, es decir... como la vida misma. Enfatizando además en la cantidad de aventuras que podemos llegar a vivir. Situaciones trágicas, pero también muy cómicas. Y además quería superar el formato Blog de anecdotario y que fuese una novela de los pies a la cabeza, comprensible para cualquier lector... Así que me lancé a darle al teclado.

-¿Alguna fijación con los tucanes? ¿De dónde viene esto?.

(Risas)... Eso se descubre leyendo el libro, mejor dicho, la segunda parte, que es donde lo aclararé.

-¿Alguna experiencia o anécdota destacable en la faceta de escritor?

Muchas, sobre todo el cariño de la gente que te reconoce por la calle y esas cosas. Por el momento solo me ha pasado dos veces y me hizo muchísima ilusión. Luego la vida de un escritor auto editado es bastante monótona... Llevar a los peques al colegio, empaquetar libros, contestar los mensajes, encontrar un ratito para escribir... preparar comida, recoger niños, darles de comer... Pasas a ser el comodín para todo.

-¿Qué esperas de esto en el futuro? ¿Sería posible vivir de ello, o es inconcebible?

Lo veo factible. Aún estoy muy lejos de poder vivir de ello, y es algo que ni siquiera sé aún si me gustaría. Esto para mí es una etapa más. Pero no me parece imposible que una persona que escriba pueda vivir de los libros. Como todo, depende de lo que puedas llegar a vender.

Aún así tengo siempre muy presente la frase de Isabel Allende, “Cualquiera puede escribir un buen libro y tener éxito. Conseguir eso con dos libros es lo que te define como escritor”. Así que yo aún me considero fuera de la categoría de escritor, y tengo las vistas puestas en otros proyectos más relacionados con el trabajo social.

-¿Qué dirías a otra gente que sean TS y se planteen escribir un libro?

Eso me lo preguntan mucho, incluso gente que ya editó un libro y no son capaces de encontrar mercado. Lo primero es que el libro ha de ser bueno, así de sencillo. Puedes bombardear todos los grupos de facebook gritando que tienes un libro, que si luego la gente lo lee y no gusta, no vas a ningún lado. Ha de ser la gente quien te recomiende.

Lo segundo es que tienes que aportar algo más que tu visión personal, ya que resultaría incluso pedante. En mi caso, creo que el secreto es el humor. Empecé a hacer chistes sobre la profesión y gustaron. Eso animó a la gente a darme una oportunidad como lectores y una vez me dieron esa oportunidad, se empezaron a recomendar el libro entre ellos, que es la única fórmula real para vender un libro.

Por lo demás, yo les animaría a que empezasen con cuentos cortos o un blog, que es algo más asumible que una novela. Yo empecé así, participando en concursos de relato corto, y solo cuando empecé a ganar premios interesantes decidí que estaba preparado para escribir una novela.

-¿No te parece que hay demasiados libros de trabajo social muy técnicos y hay un poco de carencia de algo un poco más desenfadado?

Es tal cual lo cuentas, y es una tragedia para la profesión, porque este tipo de libros supera a los profesionales y son los que dan a conocer a otras personas nuestro trabajo. Pero esto no es solo válido para los libros, también para los blogs... Son realmente terribles, en el sentido de que todas las noticias o reflexiones son o trágicas o triunfos... El humor es una carencia y el poco que hay es muy ñoño, muy políticamente correcto. El mundo virtual del trabajo social es terriblemente serio y eso no pasa con otras profesiones como la medicina, donde el humor negro reina a sus anchas.

- Si no me equivoco creo recordar que empezaste más o menos haciendo una pequeña tirada y vendiendo tu los libros en un principio de una manera un poco rudimentaria. ¿Cómo lo llevas ahora?

Y tanto… Luché por encontrar un hueco en las editoriales, y las que se dignaron a contestarme me auguraban unas ventas de unos 30 a 100 libros. Así que les hice caso y esa fue la primera tirada. Antes de salir a la venta ya estaba agotada, así que encargué más. Subí de 100 a 300, a 500, a 700, y ahora ya estoy en los 1200. Esto empezó el 9 de noviembre. Por esa razón se acaban tan a menudo. La imprenta tarda unos 20 días en darme los pedidos, así que cada dos por tres me quedo sin libros. Soy consciente de que no parece serio, pero la verdad es que tengo unos lectores fabulosos que comprenden que no soy un editor profesional.

Por lo demás, todo es cuestión de organizarse. Resulta agotador, pero muy satisfactorio.

- La eterna pregunta con los libros, ¿qué opinas respecto a que la versión online cueste lo mismo que la versión en papel?

Eso es porque alguien lo paga. No me gusta el e-book. Tengo uno, pero solo lo uso para leer obras que me descargué gratis. Yo soy muy pirata, no concibo pagar por un PDF. Yo no vendo archivos, vendo un libro que además firmo y dedico. También doy la opción a través de la librería de comprarlo online con más comodidad para los menos aventureros. Aún así, soy consciente de que mi libro tendrá que salir en formato digital, porque me lo está demandando mucha gente de Latinoamérica, y ese mercado es inabarcable sin el apoyo de una editorial.

- Siendo escritor ¿no te has planteado tener un blog?

Tengo uno, pero lo uso para salvar copias de mis cuentos y libros. No me gusta el formato blog, porque el lector blog quiere artículos cortos. Yo soy uno de ellos. Me canso cuando empiezo a leer parrafadas largas en la pantalla. La lectura de internet es ágil y rápida, es un formato completamente distinto al que me gusta. Yo escribo novela, de las que han de digerirse con paciencia y gusto.

- ¿Qué nivel de importancia le das a las redes sociales con respecto a los libros que estás vendiendo?

El 100%. Facebook es la herramienta que me permitió conectar con los lectores. Es por facebook por donde lo compran y hablan conmigo. Sin esta herramienta sería otro libro más perdido en librerías, sin interés.

Tanto es así que mis nuevos lectores ya no son trabajadores sociales. Creo que ya quedan pocos que, al menos, no sepan que existe el libro. Ahora vendo más a otro perfil completamente distinto, personas que se interesan por el libro por recomendación, bien por como hablo de Galicia, de la propia historia que acontece dentro de la novela, o por lo que sea... Y eso es porque la red social me lo mueve...

- Tengo un amigo que se dedica al teatro y no se si te encuentras ante el mismo problema. Relacionado a tu página de facebook, le pusiste el mismo nombre que a tu libro, ahora que planteas sacar otro libro con un nombre diferente. No crees que fue un fallo ponerle ese nombre ahora que ya tienes unos cuantos fans en esa página sería más difícil crear una nueva para el otro libro. ¿Vas a seguir con esa página o crearas una nueva para el nuevo libro?

Puede ser... Pero yo los dragones los mato uno a uno, y ahora mismo tengo un montón encima de la mesa lanzando llamaradas. Así que cuando llegue el momento ya tendré tiempo de pensarlo.

- Para finalizar ¿alguna reflexión que añadir o algo que te hayas quedado con ganas de decir?

Solo agradecer su confianza a todas las personas que me apoyaron y apoyan... A buen entendedor...

En el día a día de una/un trabajadora/or social pasan mil cosas dignas de mención, la intervención social, el contacto con la gente es una fuente inagotable de anécdotas. Te adentras en la vida de las personas, en sus familias, en sus hogares, te confían mil sentimientos y pensamientos a veces hasta secretos que a nadie más le han contado y en muchas ocasiones acabas casi sin darte cuenta en una parte de su familia, de sus vidas. En todo este proceso de intervención social en el que se trabaja desde las técnicas propias del Trabajo Social pero también desde el conocimiento de otras disciplinas y hasta de la intuición propia, no siempre puedes mantenerte del todo objetiva, la línea que separa la intervención y la implicación personal es muy delgada y débil y no siempre es posible mantenerla intacta, contagiándote de la vida de esas personas para las que trabajas.

Me vienen a la mente algunas personas peculiares, algunas entrevistas que fueron más difíciles y otras que resultaron un poco extrañas, momentos mágicos en los domicilios, pateos por el barrio en los que parece que no llegas al destino porque la gente no deja de pararte, de preguntarte cosas, de invitarte a sus casas. Me vienen a la mente tantas y tantas anécdotas de mis ya 16 años de profesión. Y en todo este camino de recuerdos más de una vez pensé en voz alta y compartí con mis compañeras que buena sería la idea de ponerlas por escrito y dar a conocer nuestra profesión a la vez que rendir homenaje a aquellas personas para las que has trabajado que han sido una fuente inagotable de conocimientos y aprendizaje.

Y existe alguien que lo pensó y lo puso en práctica, el compañero Alejandro Rodríguez Robledillo que ha escrito el libro: De gallegos, tucanes y trabajadores sociales. Leyendo su libro podemos hacernos una idea de cómo es la vida de una/un trabajadora/or social. Lo cuenta de una manera amena, divertida, con un toque de humor que te permite desdramatizar las situaciones que en nuestro quehacer profesional podemos vivir, situaciones que a veces no son fáciles de digerir y que nos afectan a nivel personal y profesional.

Alejandro nos habla en su libro de cómo un trabajador social va creándose a sí mismo mediante el contacto continuo con la ciudadanía, desde el paso por la Universidad donde se acercan a nuestra mente algunos conceptos básicos propios de la profesión hasta el trabajo directo con las personas o en la planificación de actividades. Es en este día a día, gracias al contacto con la gente donde de verdad aprendemos a ser profesionales, donde afianzamos las teorías estudiadas en la Universidad entendiendo verdaderamente cual es su función y utilidad. Pero lo más importante es, que es en el proceso de aprendizaje que supone la intervención social es donde aprendemos a desarrollar esas habilidades básicas a nivel personal que tan útiles van a sernos para ejercer el Trabajo Social. Y daremos sentido a esos valores y principios que enmarcan nuestra profesión, aprenderemos el valor de la importancia de conceptos como: empatía, respeto, capacidad de escucha, derechos, dignidad, valor único…

En este libro se habla de todo eso y más, en un lenguaje fácil, cercano, directo, en primera persona, presentándonos no sólo su trabajo sino también las personas que han formado parte de él y que le han ayudado a evolucionar como profesional.

Y entre todos estos personajes existe un hueco especial para Eudosia, no les voy a contar nada de ella ni de su historia, el libro está ahí para ello, pero sí quiero hacer una mención especial a esta mujer tan especial. Leyendo el relato de su historia de vida, sus necesidades, sus ilusiones y la intervención de Alejandro con ella me recordó a más de una persona con la que he trabajado y que tiene una vida, una historia similar y en muchas cosas mi intervención se parece.

Salvando las distancias que van desde Galicia a Tenerife, veo que la intervención no es tan diferente, que los problemas, las circunstancias y las soluciones son bastante similares pues al fin y al cabo trabajamos con las mismas materias primas: las personas y nuestros valores y conocimientos como trabajadores/as sociales.

Finalmente aprovecho para recomendar su lectura pero no sólo a compañeras/os de profesión sino a cualquier persona, ya que en realidad es una novela muy amena, con sus componentes técnicos y profesionales pero también con una prosa divertida y fácil de seguir. Pero sobre todo con mucha humanidad y sentimiento. Sin duda, una lectura que no te dejará indiferente.

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