DIALOGO DE MERCURIO Y CARON

DIALOGO DE MERCURIO Y CARON. ED INTR NOTAS JOSE F. MONTESINOS

Editorial:
ESPASA CALPE ANTIGUA
Año de edición:
Materia
HISTORIA
ISBN:
978-84-239-3396-9
Páginas:
256
Encuadernación:
RÚSTICA
Colección:
CLASICOSCAST
Disponibilidad:
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Diálogo de Mercurio y Carón
1
EL DIÁLOGO DE MERCURIO Y CARÓN.
ALFONSO DE VALDÉS.
El autor.
Es de Cuenca, que así a bote pronto no nos dice muc
ho pero hay un dato
curioso, fue una ciudad que se constituyó en un imp
ortante foco de acción de
los iluminados (no es broma), ideología afín a los
erasmistas.
Parece que no cursó estudios universitarios por lo
que su importante formación
era autodidacta aunque posiblemente le educase el h
umanista italiano Anghiera
al que los Reyes Católicos encargan la formación de
jóvenes nobles. Lo cierto
es que desde muy joven formó parte del séquito del
Emperador Carlos I, del que
fue secretario y latinista oficial, lo que le convi
erte en personaje muy influyente
con una gran actividad política.
Es junto a su hermano Juan, el depositario del pens
amiento de Erasmo, gran
amigo suyo, con el que se carteaba e incluso fue me
diador con los protestantes
en la “Dieta de Ausburgo”. Muere en Viena víctima d
e la peste en 1532. Según
todos los indicios, Juan era su hermano gemelo.
Un hecho histórico.
En 1527, las tropas de Carlos I devastan Roma en el
llamado saco de Roma,
traducción fonética al castellano de la italiana “s
acco”. Este acontecimiento fue
de gran importancia en el Renacimiento hasta el pun
to que lo cuentan muchas
obras, como la que vamos a leer o por ejemplo, La L
ozana andaluza. Según las
dos obras más importantes de Alfonso, Carlos no tie
ne una actitud belicista, es
un hombre providencial cuya empresa bélica sobre la
Ciudad Santa tendría
como fin el castigar la relajación de las costumbre
s en la corte papal.
Y como así cuenta en sus dos obras: Diálogo de Lact
ancio y un arcediano y en
el Diálogo de Mercurio y Carón, así nos lo tenemos
que creer. Aunque se
presentan en dos obras separadas, hay una continuid
ad entre una y otra pues el
propósito político es el mismo, lo que pasa es que
bajo el punto de vista literario
el Mercurio y Carón está más conseguido.
Aunque es claramente una defensa de Carlos I y de u
n desarrollo del
Cristianismo de gran calado, hay autores sabuesos q
ue han demostrado la
utilización de documentos de la cancillería imperia
l, a la cual Valdés servía, y
que incluso están copiados literalmente como se pue
de leer en las cartas que
introduce el texto. No son simples ejercicios de re
tórica humanística.
Resumen y estructura del texto.
El tema principal es la inutilidad de los ritos est
ablecidos por la Iglesia para
lograr la salvación; son los hábitos del buen crist
iano los que le llevan a la vida
eterna. Como vemos es la doctrina de Erasmo, de Lut
ero. La novela presenta
una estructura cerrada: la abre y cierra Mercurio.
El diálogo, en estilo directo, es entre Mercurio y
Carón que hablan del tema
principal, la rivalidad entre Carlos I, Francisco I
y Enrique VIII, pues el propósito
de Valdés al escribir la obra es político, el hacer
la defensa del Emperador y así
lo explica en el Proemio.
Se trata de diálogos formados por preguntas y respu
estas en las que las ánimas
condenadas revelan la maldad o hipocresía del conde
nado, en la primera parte,

Alfonso de Valdés

Alfonso de Valdés (Cuenca (España), 1490 – Viena, 1532) fue un humanista representante, junto con su hermano Juan, del pensamiento erasmista español.

Índice

1 Biografía
2 Obras
3 Referencias
4 Enlaces externos

Biografía

Escritor y secretario de cartas latinas del emperador Carlos V, nacido en Cuenca a finales del siglo XV. No se sabe exactamente en qué año, pero Manuel Amores postula que él y su hermano Juan, autor del Diálogo de la lengua, eran gemelos.1

Fernando de Valdés fue regidor de esa ciudad; su madre, María, descendía de familia judía conversa. A su tío materno, Fernando de la Barrera, capellán de la iglesia de San Salvador de Cuenca, la Inquisición lo acusó de ser judío relapso, lo procesó en 1491 y lo condenó, sin pruebas, a ser quemado. Tanto a su padre –de abuela paterna conversa– como a su hermano mayor, Andrés, los procesaron años más tarde por “fautoría de herejes”, es decir por oponerse a la actuación del Santo Oficio; la pena que se les impuso fue mínima, una multa con vergüenza pública.

Los primeros datos que tenemos sobre la vida de Alfonso son tres cartas que escribe en 1520 desde Bruselas, Aquisgrán, y, en 1521, desde Worms, en la corte del Emperador. Se las dirige al que seguramente fue su maestro, el humanista Pedro Mártir de Anglería.

Desde entonces hasta su muerte está al lado del Emperador desempeñando cargos en su cancillería; Mercurino Gattinara, el gran canciller, fue su apoyo en la corte. Se cartea con Erasmo, al que admira profundamente, y cuya doctrina divulga en España e inspira su obra, y con otros humanistas europeos.

Alfonso participó en las conversaciones entre los luteranos y los representantes del Papa en la dieta de Augsburgo –había muerto ya Gattinara–, sin que su espíritu conciliador consiguiera que las partes enfrentadas evitaran la ruptura que llevó al cisma protestante. Su muerte repentina truncó una destacada carrera política junto al Emperador.

La correspondencia oficial con su nombre y la que se nos conserva entre el escritor y sus amigos, desde Erasmo a Maximiliano Transilvano, Pedro Juan Olivar o Juan Dantisco, el obispo de Culm y embajador de Polonia, nos van dando fechas y lugares en la vida de Valdés. Está con la corte en los Países Bajos en 1520 y 1521; desde 1522 a 1529 en España (Valladolid, Tordesillas, Madrid, Toledo, Granada, Valladolid, Palencia, Burgos, Valencia, Madrid, Toledo, Zaragoza y Barcelona); en 1529 va con el Emperador y la corte a Italia (en Bolonia, Gattinara recibe el cardenalato, y Clemente VII corona al Emperador el 24 de febrero de 1530). Participa en las conversaciones de la Dieta de Augsburgo; escribe desde esta ciudad al cardenal de Rávena, Accolti (desde julio a septiembre de 1530) y la “Relación de lo que en las cosas de la fe se ha hecho en la Dieta de Augusta”, en septiembre de 1530. Luego estará con la corte en Colonia, Bruselas, Gante, Bruselas, Ratisbona (se conservan cartas de Valdés desde esta ciudad de octubre de 1531 a septiembre de 1532), Passau y Viena, donde muere el 6 de octubre de 1532.

Esa posición privilegiada en la corte le protegió de las acusaciones del nuncio del papa Clemente VII, Baltasar de Castiglione, por haber escrito su primera obra, el Diálogo de las cosas acaecidas en Roma. En este diálogo entre Lactancio y el arcediano del Viso a propósito del saco de Roma y prisión del Papa por las tropas del Emperador en mayo de 1527, Alfonso de Valdés presenta el saqueo como voluntad de Dios, exime de culpa a Carlos V, señala la corrupción de la jerarquía eclesiástica y acusa al Papa de desempeñar mal su oficio.

Ni este diálogo ni el que escribe a continuación, entre 1528 y 1529, el Diálogo de Mercurio y Carón, fueron impresos en vida del escritor. Circularon manuscritos y anónimos. Se publicaron en Italia, seguramente poco después de su muerte, sin que figure en la edición dato alguno de lugar, año o impresor. Se atribuyeron siempre a su hermano Juan. A fines del siglo XIX se le devolvió la autoría del Diálogo de las cosas acaecidas en Roma, y hasta 1925 no se le reconoció –lo demostró Marcel Bataillon– que también era el autor del Diálogo de Mercurio y Carón.

En el año 2002 la profesora Rosa Navarro Durán postuló su autoría en una de las más famosas obras literarias españolas de todos los tiempos: La vida de Lazarillo de Tormes. Según Rosa Navarro debió de ser impresa por primera vez en Italia. En 1542 se publica en Sevilla un libro, el Baldo, que adapta y amplía un poema en latín macarrónico, el Baldus, del italiano Teófilo Folengo; tiene ya huellas evidentes de que su autor había leído el Lazarillo. Alguien llevaría un ejemplar a España, después de arrancar un folio –de peligrosa lectura–, y aquí se imprimiría otra vez, antes de 1548, porque la Representación de la parábola de san Mateo de Sebastián de Horozco, que se puso en escena ese año, tiene también huellas de que su autor había leído la obra (y lo evidencia más la Representación de la historia evangélica de san Juan). Horozco tuvo en sus manos una impresión del Lazarillo.
Obras

Sus dos obras, el Diálogo de Lactancio y un Arcediano, más conocido como Diálogo de las cosas ocurridas en Roma; y el Diálogo de Mercurio y Carón, son discursos en los que defiende la política del emperador Carlos V y ensalza el pensamiento erasmista (erasmismo) antes de que esta corriente pase a ser censurada en el medio siglo siguiente. Son alegatos políticos que incluyen numerosos documentos de la cancillería imperial. Su ideal cristiano y erasmista abarca todos los aspectos de la vida, todas las jerarquías y todos los estados de la sociedad.

Su anhelo reformador y su pensamiento utópico le hicieron expresar que su pretensión era hacer un mundo nuevo. Así, en el Diálogo de Lactancio muestra su visión del destino del mundo que tiene como centro a un Emperador y un Papa espirituales que deben gobernar al pueblo de Cristo.

En el Diálogo de Mercurio y Carón insiste básicamente en las mismas ideas; denuncia las actitudes extravertidas de los eclesiásticos en el mundo temporal, crítica la religiosidad extrema e intolerante, y señala como imperio ideal al que tiene como propósito la fraternidad de todas las naciones cristianas, regidas por un emperador.

Estos discursos emplean la prosa vehemente que exigía la proximidad de los hechos narrados. Aunque nunca exenta de recursos retóricos, prodiga las fórmulas coloquiales para aligerar el diálogo.