Somos aprendices del tiempo. Y la educaci¢n es un encuentro entre generaciones en la filiaci¢n del tiempo. Tr nsito y pasaje. Transmisi¢n del mundo. En los rostros de los aprendices se evidencia la b£squeda de la grandeza de los que, al desaparecer, se hundieron en su inmortalidad; aquellos cuyo rostro se confunde con los rostros de los muertos son ya inmortales en vida. Todo aprender tiene que ver con una conciencia de la mortalidad y de la fragilidad. Y de los l¡mites y de la distancia; y de la presencia. El t¡tulo de este ensayo ?El aprendiz eterno? re£ne, en su propia denominaci¢n ambivalente y quiz extra¤a, un conjunto de pensamientos en torno a las siempre dif¡ciles relaciones entre la educaci¢n, el aprender y su experiencia, cuando estas voces tienen que ver con una experiencia est‚tica y existencial, y cuando tratar de pensar filos¢ficamente sobre ella requiere de nosotros una presencia en lo real diferente al modo en que hemos sido educados por la tradici¢n filos¢fica que pens¢ la filosof¡a como la construcci¢n racional de un sistema a trav‚s de conceptos firmes y seguros. La melod¡a argumental que