Sevilla. Verano de 1936. El nuevo orden, surgido tras la sublevación del
Ejército de África, impone en la ciudad su bando de guerra sobre todo
cuanto huela a Frente Popular. Uno de los fusilados, tras su negativa a
entregar documentación comprometedora, bien podría haber sido el
inspector Elías Pascua, de la desarticulada policía republicana. Pero entre
tanto asesinato como quedará impune, uno hay que habrá de ser
a toda costa esclarecido y castigado. Y dado que «los militares somos
malos detectives», tendrá que ser el Chino Pascua, aun apartado de sus
funciones por las nuevas autoridades, el llamado por estas a investigarlo.
Y aunque no sea hombre de causas por las que sobrevivir, por alguna
razón aceptará el encargo. El olfato policial lo llevará a adentrarse en el
dantesco bestiario de la Guerra Civil en retaguardia... Todo el tiempo
vigilado de cerca por la Hermandad de La Esperanza, esa extraña cofradía
de intereses algo más que virginales. Y siempre seguidos sus pasos
por el ciego fantasma de la muerte, que recorre la ciudad repartiendo
papeletas para su mac