Los estudiosos de Nabokov han mantenido durante décadas una relación de
sumisión con las directrices del autor sobre cómo leer su obra. Jöttkandt se suma
a una corriente crítica (Wood, Naiman, etc.) que suspende esa autoridad y
reclama la libertad de leer de forma insubordinada, sin importar lo que el
?espectro? Nabokov hubiera deseado. Jöttkandt utiliza el cine como herramienta
interpretativa central: bucles temporales, carreteles de película, tranvías que se
convierten en máquinas del tiempo. El cine ofrece un sistema alternativo de
percepción del espacio y el tiempo que desestabiliza la narrativa literaria
tradicional y revela la identidad secreta de la literatura como "agente doble" del
cine. Leer a Nabokov en el "final del juego de la razón" implica avanzar
cautelosamente hasta el fin de los tiempos para forzar al Nabokov ?gramófono?
a revelarse. Es un ritual arriesgado: invocar al demiurgo en el momento final para
arrancarle respuestas antes de que desaparezca entre el público. Nabokov se
presenta, sostiene Jöttkandt, como el punto de inflexión de unos sistemas