Soy la Montaña, y mediante un pausado susurrar, acecho y azoto tupsique mientras deambulas, convirtiendo tus anhelos, culpas einseguridades, en una condena segura. Si observas fijamente estaspáginas, el Basilisco conseguirá adueñarse de tu alma; alma quecomenzará a desangrarse con el pasado que inexorablemente empuja alpresente hacia la muerte. Quizás entonces, en medio de la sangría,tengas la oportunidad de redimir tu intrascendencia. Si, en cambio, la ligereza preside tu ánimo al abordar el texto, encontrarás el aliento conformista que pace en el alma de los dolientes, y más pronto quetarde, te lo prometo, pagarás tu cuenta.