Sevilla, 1936. La ciudad avanza hacia el verano en un clima cada vez más tenso: huelgas, desahucios, alquileres imposibles y un movimiento obrero que ya no está dispuesto a seguir callando. En los corralones, los vecinos sobreviven como pueden; en los despachos, los propietarios maniobran para mantener sus beneficios; y en el ayuntamiento, los concejales intentan sostener
un equilibrio que hace tiempo dejó de existir.
En ese escenario se mueve Miguelito, un joven que entra al servicio del concejal don Ernesto Roviralta, empresario reputado y responsable del matadero municipal, un hombre acostumbrado a ejercer autoridad en un momento en que ya no hay autoridades y solo se entiende de reputaciones. Miguelito empieza a descubrir la parte oscura de su jefe entre sus obligaciones políticas, sus negocios y una relación clandestina con la joven Anamari.