Desde sus orígenes, la Unión Europea ha incluido en sus políticas el respeto al multilingüismo como un requisito indispensable para la construcción de una Europa unida. Con este propósito, se determinó que todas las lenguas nacionales tuvieran los mismos derechos lingüísticos en el marco institucional comunitario. Sin embargo, el crecimiento sin precedentes experimentado en los últimos años por esta organización internacional ha hecho que este objetivo resulte cada vez más complicado de sostener en la práctica. El coste y la pérdida de eficacia que supone el mantenimiento de una comunicación multilingüe con veintitrés lenguas oficiales en la Unión Europea han abierto un debate sobre su pertinencia. El presente ensayo explica el actual régimen lingüístico de la Unión y detalla los argumentos a favor y en contra de su reforma. Constata una brecha entre la defensa de iure del multilingüismo y una situación de facto en la que el inglés, el francés y, en menor