Desde los a¤os noventa del pasado siglo, y ya bajo el pontificado de Juan Pablo II, la Iglesia Cat¢lica (IC) est protagonizando una creciente deriva hacia postulados m s conservadores, intransigentes y dogm ticos, al tiempo que tambi‚n se ve inmersa en una crisis como instituci¢n sin parang¢n en su historia. Y paralelamente a este proceso, estamos asistiendo a una cruzada cada vez m s agresiva contra los Diferentes, y que encarna su peor esp¡ritu inquisidor de todos los tiempos. Dicho esp¡ritu planea amenazadoramente sobre las cimas, a£n fr giles e imperfectas de la libertad de conciencia y de pensamiento que nuestra humanidad con tanto esfuerzo ha logrado darse a s¡ misma. Y toda esta ofensiva est pasando desapercibida por la mayor¡a de los fieles cat¢licos y de la poblaci¢n en general, tanto por la indiferencia, tambi‚n cada vez m s generalizada sobre lo que la IC dice o hace, como por la desidia y comodidad de la mayor¡a de la gente. Yo hasta hace poco tiempo, tambi‚n he sido part¡cipe de esa misma indiferencia y pasividad, hasta que sent¡ que con su acci¢n estaban atacando un aspecto muy importante d