LA LOZANA ANDALUZA

LA LOZANA ANDALUZA

Editorial:
FUNDACIÓN JOSÉ ANTONIO DE CASTRO
Año de edición:
Materia
LITERATURA Y ESTUDIOS LITERARIOS
ISBN:
978-84-15255-50-5
Páginas:
232
Encuadernación:
CARTONÉ
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El Retrato de la Lozana Andaluza es una obra singular cuyo único ejemplar conservado se imprimió como obra anónima en Venecia sin indicación de lugar ni de año, y no debió de circular por España, ya que no figura en el Cathalous del inquisidor Valdés (1599).
Conocemos la identidad del autor de La Lozana gracias a que el propio Francisco Delicado da cuenta de ello en su introducción al Primaleón, donde revela haber compuesto una obra “en el común hablar de la polida Andalucía”. Poco más sabemos, salvo que emigra a Italia, se ordena sacerdote, enferma de sífilis (enfermedad que planea durante toda la novela) y sale de Roma tras el Saco de la ciudad por las tropas de Carlos V (1527) para refugiarse en Venecia, donde logrará imprimir el Retrato.
En apariencia, el clérigo Delicado nos sumerge en una novela dialogada de estirpe celestinesca. En ella retrata los avatares de una prostituta nacida como Aldonza y rebautizada ya como Lozana cuando ejerce sus oficios en la Roma contemporánea al célebre Saco. Sin embargo, Rosa Navarro Durán demuestra que el autor va más allá del mero retablo de cortesanas y rufianes. Pues, argumenta la catedrática, tras la máscara de los caracteres principales se esconden personajes históricos de la política del momento que el autor pasará bajo el filo de una aguda sátira. Un afinado pasquín en el que descubrimos al papa Clemente VII, los Medici, los Borgia, Francisco I de Francia… y otras muchas figuras que Delicado satiriza, a la par que ensalza los triunfos de las tropas españolas en Italia.

Y como broche recogemos las palabras de Navarro Durán que sirven de epílogo a este apasionante prólogo:

“El Retrato de Lozana Andaluza está lleno de movimiento, de
voces, de colorido. Vemos las calles de Roma, oímos italiano
y catalán además de castellano… oímos a la cortesana y a sus clientes, nos
damos cuenta de la astucia de Lozana, de sus engaños, de
su arte para sobrevivir: sabe cocinar, hacer afeites, sabe remedios
para muchos males y, sobre todo, sabe venderse ella
misma muy bien. El sexo es el asunto central, desde el gozo
de la propia cortesana con su joven criado, de los demás al
mirarla, al poseerla…
Y luego la comida, vivida como arte, con especialidades judías, que complementa el placer del sexo: la Lozana Andaluza es una experta en el arte culinario, que le enseñó su abuela, de quien heredó además la belleza, instrumento esencial para su oficio”.
Sobre el autor

Francisco Delicado acabó con la anonimia de su obra revelando
su autoría en el prólogo al Primaleón, que edita en 1534:
«… que cierto los que se apartan de la gramática española que
es encerrada en aquella grande y famosa historia de Amadís de
Gaula son sin duda nuevos romancistas como lo fui yo cuando
compuse La Lozana en el común hablar de la polida Andalucía,
mas hícelo por mejor la arrendar en la manera de su hablar».
Emigra a Italia y tampoco tenemos dato alguno sobre cuándo llega a Roma:
¿en tiempos del papa Julio II, entre 1503-1513, citado en La
Lozana en la charla del autor con Rampín?, ¿o llegaría en
1492, cuando la expulsión de los judíos? ¿Era judío converso
como algunos de sus personajes? Al menos conoce bien su
mundo, sus costumbres, su comida.
Se ordena sacerdote y en el Specchio vulgare per li sacerdoti
che administraranno li sacramenti in ciascheduna parrochia,
fechado a 2 de noviembre de 1515, figura como sacerdote
de la iglesia romana Santa Maria in Posteruola [Ugolini,
1974–1975: 468]. Enferma de sífilis, mal que planea en toda
su obra (como en la tercera jornada del Ragionamento de
Aretino) y que le lleva a escribir sobre el remedio El modo
de adoperare el legno de India occidentale: salutífero remedio a ogni
piaga e mal incurabile; aunque tiene el privilegio de impresión
dado por Clemente VII el 4 de diciembre de 1526 en Roma,
nos ha llegado en la edición de Venecia de 1529, que él nombra
como «segunda estampa», con añadidos al texto del 26.
Escribe además un tratado, desaparecido, que él cita en La
Lozana: De consolatione infirmorum. En el citado Specchio, dice él
mismo haber estado «in lo Archihospitale de sancto Jacopo
in Augusta infirmo incurabile» [Ugolini, 1974–1975: 409].
Su salida de Roma tras el Saco la cuenta él mismo, y su
refugio en Venecia, en donde logra estampar su Retrato de
la Lozana Andaluza. Aquí estuvo en 1528 un breve período
antes de ser enviado como embajador a Francia,
donde murió de repente el año sucesivo». Nada más se sabe de él.

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