Alejandro Magallanes dibuja desde la duda, la ironía y la perplejidad. Sus imágenes, aparentemente simples, esconden una enorme inteligencia visual capaz de desplazar la realidad lo suficiente para turbarnos. En su obra habitan ecos de Saul Steinberg, Joan Brossa, Shigeo Fukuda o David Shrigley, pero también del cartelismo mexicano, la gráfica popular, los rótulos callejeros y las tipografías imperfectas.