La sangre deja secuelas en las carnes y las almas. Este poemario tiene una excelente transformación de las penas, muertes y fechorías mundanas en una lamentación provechosa y productiva. Provechosamente, enseña a ver diferencias en la realidad, la historia y los actos humanos. Productivamente, causa regocijo artístico con la superación por la palabra.
En Lágrimas, el autor manifiesta, con gran variedad léxica, su posición ante la realidad y el mundo. Ve los jugos y los líquidos lacrimosos que se generan por la lucha entre la vida y la muerte. Un poeta no se ubica de un lado u otro, aunque tenga sus experiencias vitales y mortales, los trasciende con su obra, como este libro.