Un viaje por el continente europeo aparentemente en paz y escarmentado con los horrores de la I Guerra Mundial, este es el escenario de Las Musas se contaban por millones, una colección de poemas cuyo punto de partida es Suiza, sus gentes, sus lenguas, sus paisajes pero en el aire un eco, una reverberación suena en tono acusativo neutral. Cambio de escenario, esta vez nos adentramos en Alemania, ascenso de Hitler como insignia nacional y muestra de heroico patriotismo. La situación se vuelve peligrosa para la población judía, que asiste a las primeras medidas represivas contra ellos; ahora son declarados como enemigos peligrosos de la nación alemana y los trenes comienzan a recorrer el continente. Europa parece un hormiguero donde no hay lugar para los débiles: Austria anexionada, Polonia masacrada, Francia ocupada, la milicia encabeza la resistencia; Hungría cae arrodillada ante el dominio nazi y vuelta a una Alemania donde hasta las piedras lloran y el cielo se olvida de ser azul y libre. Cada vez el aire es más denso, más oscuro, polvoriento. Hay quien dice que oye llantos, súplicas, terror, y después: