El Pacífico sería aquí nombrado adánicamente, como lo deseaba Alejo Carpentier en todas sus obras
con relación al Nuevo Mundo: «Y es que, por la virginidad del paisaje, por la formación, por la
ontología, por la presencia fáustica del indio y del negro, por la revelación que constituyó su reciente
descubrimiento, por los fecundos mestizajes que propició, América no está muy lejos de haber
agotado su caudal de mitologías» (Prólogo de El reino de este mundo).