Lo primero que sorprende al leer esta novela del cubano Jos‚ Prats Sariol es que en nada se parece a las que suelen exhibirse con abrumadora frecuencia en las mesas de novedades de librer¡as y supermercados. A medida que vamos penetrando en la densa trama de los m s dispares destinos, tejida con una soberbia malicia a la que ya el lector de hoy no suele estar acostumbrado, no podemos menos de caer en un asombro te¤ido de curiosidad, casi dir¡a yo de incredulidad. Una novela en donde cada cap¡tulo nos describe una red siempre inusitada de destinos cargados de una humanidad cuya evidencia nos arrastra a continuar ese viaje sin regreso al que nos tienen acostumbrados los grandes rusos de todas la ‚pocas, es algo que realmente nadie pod¡a esperarse. Ninguno de los seres que van desfilando en esas p ginas est all¡ para denunciar nada, para defender nada ni para convencer a nadie de nada, como no sea de su presencia inobjetable, evidente, sin otra raz¢n de estar all¡ que la vida, el ser que les ha dado el autor, nada m s. En los segmentos en que est compuesta la novela, este desfile se ir haciendo m s nutrido,