Hay una memoria que no se resigna al olvido.
Una memoria hecha de nombres, de ausencias, de cuerpos que envejecen, de infancia y de heridas que pasan de una generación a otra. Una memoria que a veces inventa para protegerse y otras veces necesita ser nombrada para poder descansar.
Este poemario se adentra en ese territorio incierto donde recordar es también reconstruir, donde la vida se mira desde la distancia y cada palabra intenta rescatar algo que está a punto de desaparecer.
«¡Guarda este recuerdo antes de que se esfume!»
La voz que atraviesa estas páginas sabe que todo es frágil, que podemos perder aquello que creíamos nuestro norte y que, sin embargo, también aprendemos a aferrarnos a los vínculos para seguir adelante.
«La memoria no es el territorio del pasado
y las palabras pueden atravesar la muerte.»
Entre la intimidad y la herida, entre el amor y la pérdida, estos poemas buscan aquello que permanece cuando todo lo demás se transforma.
Porque quizá escribir sea eso:
aprender a dialogar con la ausencia,
rescatar de ella una voz
y descubrir