Todo cambió tras la violenta tormenta que descargó sobre el frenteaquel 24 de diciembre. El enemigo dejó de hostigarnos y dejamos derecibir suministros de nuestra retaguardia, incluido el correo. Peroyo he seguido escribiéndote mi amada, con la esperanza de que algúndía puedas leer estas cuatro cartas donde te relato los extrañosacontecimientos de los que he sido testigo y que parecen vaticinar elfin de los tiempos.