Mudar la piel es, ante todo, un brillante libro de relatos, pero también ?que no es lo mismo? un libro de relatos brillantes. El fulgor estriba en la prosa agudísima de Cristina Gálvez, que nos regala el don de la clarividencia en cada cuento y proyecta al conjunto de la obra una luz reveladora e inolvidable.
El itinerario de estos cuentos viene marcado por un amplio coro de mujeres con voces tan cercanas como inquietantes. Cercanas porque pueden pertenecer a la vecina de enfrente e inquietantes porque, desde los pequeños abismos cotidianos, nos sitúan en el epicentro de aquellas historias que, por incómodas, tendemos a evitar. Es así como Mudar la piel se convierte en un mapa lúcido e irónico de la experiencia femenina en las sociedades contemporáneas, una magnífica cartografía donde los anhelos, las frustraciones, el deseo y la piedad funcionan como puntos cardinales de unas vidas que bien podrían ser las nuestras.
Por fortuna, el eco de estas voces no se apaga con el final de la lectura. Y acaso sea eso lo mejor que podemos decir de un libro, que nunca se va del todo, que nos deja un aroma, que no