Prólogo de Juan Antonio Hormigón Blázquez (Director General y Secretario General de ADE)
Médico, dramaturgo, director teatral, pedagogo y traductor español. Ha destacado también como investigador, editor, crítico y gestor teatral (animador cultural). Secretario General y fundador de la ADE (Asociación de Directores de Escena de España), también ha coordinado trabajos de investigación teatral.
Juan Antonio Hormigón nos deleita con un recorrido hermoso y preciso por los orígenes e historia del soneto, desde su cuna en Sicilia a los versos de Góngora dedicados a Córdoba, pasando por El Marqués de Santillana, Cervantes… sin olvidar a Quevedo con sus sonetos a Góngora.
Hormigón también nos habla de sus preferidos, como “La despedida” de Leandro Fernandez de Moratín, para pasar a deleitarnos con su complacido análisis del libro de Victorio Zamora, al que denomina “El hacedor de sonetos”, del que comenta: “… entronca con esta tradición, la respeta y la asume, confiándole además su propio sello…”.
Introducción de Victorio Zamora Martínez
Introducción del autor, donde nos invita a respetar el planeta y la materia que nos rodea, a cambiar de actitud para conseguir la utopia de un mundo mejor y cambiar igualmente la naturaleza humana de aquellos que pretenden alcanzar la sabiduría sin Dios.
El libro consta de tres partes:
Cascara y Miel (21 poemas): El agua, El fuego, La lluvia, La tierra…..
La principal objetivo de estos 21 poemas es despertar los sentidos y concienciar al lector a cuidar el planeta que Dios nos dio.
El mundo a sus pies (5 poemas): El lápiz, El cuaderno, El libro…
Son cinco poemas dedicados a objetos como abstracción del arte.
Almendra y flor (17 poemas): La casa, La ventana, El vaso….
Son objetos cotidianos que buscan el valor de la sencillez, y evitar el exceso de consumo. La belleza que reside en los objetos con historia: los pendientes de la abuela, la casa del pueblo, la mesa de las celebraciones, la primera cuchara…
Cuanto más nos alejamos de las cosas con historia, que nos traen buenos recuerdos, y más nos hundimos en el consumo, más vacío sentimos, y esa forma de relación con el mundo nos acarrea tristeza y nos aleja de los días de gozo, recuerdos insustituibles y personas queridas.
El arte es un estado de conciencia y no hay conocimiento más bello y culto que el amor a la vida, ese sentimiento nos hace crecer en todos los ordenes, haciendo de nosotros seres más inteligentes, sensibles, fuertes de mente y dispuestos a seguir los caminos de la luz que nos guía.