Título: Pequeños refugios
2-3. Guarda cielo estrellado
4-5. [Dedicatoria: A Mika y Roque, dos de mis pequeños refugios] Título
6-7. Era una noche sin Luna. ¡En el cielo brillaban miles de estrellas!
Un niño las miraba intentando encontrar un refugio en el que calmar su llanto.
Entonces, oyó una voz, que le dijo…
8-9. “Tal vez el movimiento de tus pies descalzos sea lo que necesitas”.
10-11. “¿Recuerdas si alguna vez… le has pedido al viento…
12-13. … que te ayudase a cumplir… tus deseos?”, continuó.
14-15. “Quizá el balanceo te impulse lejos…
16-17. “… y así el silencio te permita escuchar la melodía que surge de tu interior.”
El niño escuchó con atención.
¿Melodía en mi interior?
18-19. “¿Y si tomas lápices y papel y lo llenas todo de color?” -dijo de nuevo.
20-21. “Tal vez la suave lluvia y el olor a hierba mojada te transporten a otro lugar y a otro tiempo. ¿Te lo imaginas?”
22-23. “Puedes cambiar el mundo con tu imaginación…
24-25. … y también con tus palabras.”
26-27. “Lo que buscas está a tu alcance.
En tu interior.”
28-29. “Porque todos estamos hechos de pequeños refugios,
30-31. y todos somos únicos como cada estrella del firmamento.”
32-33. Si este fuera tu refugio, ¿cómo sería?
“Escucha -continuó la voz mientras el niño pensaba en su propio refugio-, cuando sufras, intenta buscar a alguien con quien compartir lo que sientes (miedo, enfado, tristeza, vergüenza…) para que te ayude y, JUNTOS, podáis encontrar formas de transformar el sufrimiento en algo mejor.”
34-35. Para Mamá, Papá y otras figuras de apego.
Uno de los grandes desafíos durante la crianza es el acompañamiento emocional. Es necesario aplicar límites, al igual que escuchar, comprender, guiar, sostener, apoyar, acompañar sin juzgar…
Por eso es esencial ayudar a niñas y niños a identificar, reconocer y nombrar sus emociones -validándolas-, lo que les permitirá identificarlas, expresarlas, gestionarlas e integrarlas con más facilidad, tanto las agradables (alegría, amor, curiosidad) como las desagradables (miedo, ira, tristeza).
Uno de los propósitos de este álbum es que los/las más pequeños/as puedan leerlo con sus madres y padres, para así adentrarse juntos en su mundo interior.
Antes de crear sus propios refugios emocionales en las propias bombillas -dibujando, escribiendo, haciendo un collage...-, es recomendable que pudiesen hablar acerca de aquellas vivencias que han experimentado como dolorosas.
36-37. En cada caso, después de crear su propia bombilla, estas se pueden recortar y colocar -con o sin cordoncito- en algún lugar de especial significado, como el cabecero de la cama, un espejo, un armario, el techo de su habitación... Así pueden tener presentes distintas formas de canalizar sus emociones, como las propuestas en cada refugio-bombilla (danza, música, etc.).
En todos estos refugios subyace un concepto psíquico fundamental: el de “lugar seguro”, un espacio -tanto mental como físico- en el que niñas/os, adolescentes y personas adultas puedan sentirse libres, seguras y protegidas.
Al menos durante la infancia, este “lugar seguro” lo constituyen -o deben constituirlo- la madre y el padre -u otra figura de apego.
Este es uno de los aspectos esenciales del acompañamiento emocional: actuar como referentes y modelos adecuados ayudará a niños y niñas a interiorizar ese vínculo positivo, precisamente, como “lugar seguro”.
Podría decirse: les ayudará a disponer de un “lugar seguro” en su propio interior.
38-39.
40-41.
42-43.
44-45. [Guarda: A Jose, por su mirada y por nuestra vida.
A mi madre -Pilar- y hermanas -Cristina y Lucía- por su cariño incondicional.
A Antía. Bienvenida, pequeña.
A Marián Lario y Begoña Aznárez, por sus valiosos consejos.
A ti, por compartir este proyecto conmigo.
Una caricia a Roquiño, a Mikiña y a Rorró -Nicky-, por expandir mi ]
Sinopsis: Un niño, una búsqueda, distintos refugios.