¿Por qué los balcones siguen abiertos?
Es la epifanía.
El antes y el después de lo que fue un amor, además de una obsesión.
Es el balcón más bonito de la calle La Palma en Malasaña.
Fueron muchas burbujas y respirar confeti.
Mi eterna penitencia del amor y sobre todo redención.
Reconocerme como mujer y saber que todo lo que tengo es a base de mucho esfuerzo.
Lo importante que es dejarse sostener por la familia.
Y asumir que, pase lo que pase, el tiempo es un traidor.