La medalla de Samuel Osborne no brilla: late. Y la grieta crece.
En Noveris, a punto de cumplir doce años, vive a puerta cerrada, con normas ajenas y un tutor que aparece con libros y se marcha antes de que lo asalten las preguntas. Su familia adoptiva lo llama protección. Samuel lo siente como un candado.
Cuando el sello se resquebraja, la ciudad falla: objetos que desobedecen, rumores que cambian de boca en boca y una certeza que nadie quiere pronunciar en alto: la barrera está cediendo. No por error. Por él.
Grimlor no es un refugio; es una cárcel con reglas antiguas. Allí lo espera el Espejo Ancestral: un umbral, una cuenta atrás, y un reflejo que no negocia.
Samuel quiere respuestas. Las silenciadoras también.
¿Se atreverá a cruzar si la verdad exige que renuncie a la vida que conocía?