NATACHA ANDRADA Y REYES DE GREGORIO
A veces las sensaciones se nos mezclan y se vuelven de colores. Al oír un sonido podemos sentir el azul o al probar una fruta apreciar calidez. Sin darnos cuenta nos hallamos descubriendo el color del tiempo, escuchando la música de los sabores o sintiendo el tacto de las letras. Nos sorprenden imágenes que desvelan un recuerdo con olor a sol o con aroma de tinieblas y palabras que proyectan color en las pupilas y texturas en nuestras manos. Y es esto lo que nos ha sucedido al hacer este pequeño libro en el que la poesía y la imagen se abrazan de una forma inevitable pero no imprescindible. Las imágenes nacen con vocación poética recreándose en la belleza del instante, sin preparación previa ni artificios, deleitándose en la visión de los detalles. Las palabras, dispuestas con cariño, las completan pero también existen de una forma independiente. Estas páginas intentan despertar pensamientos escondidos que nos guíen de la mano hacia el ensueño. La primera parte recoge Imágenes terrenales rescatadas de lo imperceptible. La voz poética las tiñe de los colores de su mundo, voz difusa donde no se sabe muy bien q