A los nueve a¤os encontr‚ escondido dentro de un ropero en mi casa paterna, un papel en donde dec¡a que el padre de mi padre hab¡a muerto por un disparo en la cabeza. A partir de all¡ fui tratando de desentra¤ar la historia, preguntando y preguntando, durante muchos a¤os, esquivando las mentiras piadosas y filtrando los errores que pasaban de generaci¢n en generaci¢n. De "eso" no pod¡a hablarse en la familia, era el tema m s prohibido que exist¡a; era demasiado el dolor que provocaba recordarlo, y desencaden¢, adem s, muchos otros hechos, recuerdos y dolores. Sin embargo me pareci¢ ver que los que accedieron a hablar del tema entendieron su magnitud desde otro ngulo, vieron el total del drama al compartir sus recuerdos, descubrieron que sus victimarios eran tan solo eslabones de una cadena que nadie supo romper; pudieron al fin, sentirse acompa¤ados en la tristeza.