Melinda vive junto a su familia en una casa aislada del pueblo de Odio por el Bosque Buenas Intenciones. La arboleda, cada vez más famélica, ya no escuda los gritos de los odiadores como antes. Melinda teme que sus hijos, las dos únicas personas que no conocen el odio en el mundo, puedan contagiarse de sus bilis.