Tras la cumbre cuenta la historia de un viaje: un obsesivo relojero y filatélico busca un codiciado sello en la otra parte de una isla. Una mañana, sale de su tallercito en un coche de pasaje camino a la civilización. En medio, junto a otros pasajeros, cruza carreteras imposibles, pueblos y caseríos, hasta alcanzar su destino. O quizá nada de esto pasó, y nuestro hombre nunca salió de las cuatro calles que componían Arosi, que nace entre los volcanes de una medianía insular a mediados del siglo XX.
El coche cruza las carreteras de Txi, Tam, El Val y La Cumbre, entre otros, hasta llegar a Iko. A medida que el vehículo avanza, sortea el inevitable mareo de los pasajeros, que narran sus venturas y desventuras, recurso del autor para desvelar una sociedad donde la religión, la moral y la precariedad, frente el advenimiento del progreso, marcan el ritmo cadencioso de la travesía.
El autor utiliza un lenguaje rico en canarismos y giros locales, lo que otorga a la obra una gran autenticidad. El tono oscila entre la nostalgia crítica, el humor y la reflexión sobre el paso del tiempo y la identidad colectiva