®Fue en los m rgenes, en el Asia Menor, en aquella tierra luego sometida a los dictados de Ciro, donde naci¢ el rapsoda Jen¢fanes quien, por vez primera, pronunci¢ el enigma que dice, en referencia a la divinidad, que todo entero ve, todo entero piensa. El designio marc¢ de manera indeleble la historia de la filosof¡a occidental que se quiso un andamiaje donde el r‚gimen de la visibilidad fuese equivalente a las series de los pensamientos. El Ojo de la metaf¡sica hizo entonces su aparici¢n, a£n innominada, para que otros la desarrollasen en el futuro: Plat¢n, Arist¢teles, Agust¡n de Hipona o Ren‚ Descartes.La apuesta de este libro asume la audaz tarea de volver inteligible la propia matriz de luminosidad de la metaf¡sica buscando que, en un acto inusitado, el Ojo pueda verse a s¡ mismo en las condiciones de su optocracia. Este proyecto arqueol¢gico admirablemente desentra¤a los secretos del binocularcentrismo occidental pues el Ojo, en verdad, puede serlo del cuerpo o del alma. Se articulan as¡ los dos engranajes fundamentales de la m quina ¢ptica cuyo artificio m s propio es nada menos que el humano mismo c