Su talento dejó de latir con solo treinta y un años. ¿Cómo es posible que en tres décadas atesorase tal caudal creativo? Hijo de Concepción Gilabert y Miguel Hernández Sánchez, un sencillo tratante de cabras de cuyo rebaño se hizo cargo, el contexto rural constituye una fuente clara de inspiración poética que da relevancia a la naturaleza. De niño, sufrió la explosión de un carburo material empleado comúnmente para lámparas .., que le deja de por vida marcas en la cara. Su padre le retirará de los estudios reglados a la edad de catorce años, pese a que los jesuitas le habían ofrecido una beca para continuar, dadas sus excelentes aptitudes. En Los encuentros (1958), Vicente Aleixandre describe a Miguel Hernández como alguien que «creía en los hombres y esperaba en ellos», no apagándosele «ni en el último momento esa luz que, por encima de todo, trágicamente, le hizo morir con los ojos abiertos».