La noche que Paulo Montaner tenía siete años, su hermano cayó. Lo que vino después lo convirtió en alguien capaz de cualquier cosa.
Treinta años más tarde, Paulo entra en Santillana Biotech con una identidad construida para el engaño y un objetivo que nadie en la empresa sospecharía. La compañía trabaja en los límites de lo que la ciencia debería poder hacerle a la memoria humana. Paulo lleva toda su vida esperando que alguien llegara hasta ahí.
El plan era infalible: entrar, manipular, obtener. Sin vínculos reales. Sin afecto que no sea táctica.
Pero en Santillana hay personas que curan, que aman, que resisten de un modo que Paulo ya no recuerda. Y cuanto más cerca está de lo que vino a buscar, más peso tiene todo lo que está a punto de destruir para conseguirlo.
Hay pérdidas que no admiten reparación. Hay personas que lo aprenden cuando ya es tarde.