En marzo de 1936 Antonio Frigola llega a Ginebra junto a su madre y su hermano, como otros tantos expatriados, ante la proximidad de un conflicto armado en España, dejando a su padre, don Pedro, abogado en Barcelona, a cargo de su bufete. Lejos de su control y de la guerra, los tres refugiados consiguen encontrar en la capital suiza aquello que da vida a sus días y que en su tierra les estaba vetado. Acabada la guerra civil española y ante el inminente comienzo del conflicto mundial, la familia regresa a Barcelona y vuelve a sus viejos problemas. Antonio comunica a su padre que no seguirá sus pasos en la abogacía porque va a dedicarse a su verdadera pasión: la pintura. Pero la creación del servicio militar obligatorio lo lleva hasta la Academia Militar de Zaragoza, donde será destinado como chófer de la familia del general. Allí conocerá a Inés y surgirá un amor prohibido cuyas consecuencias se auguran devastadoras. Desquiciado por la pena y bajo el amparo de su antigua amante, acabará en El Masnou, un pueblo de la costa barcelonesa, pintando junto al mar. En la playa de Ocata esperará infatigable su reencue