Entre el olor de azahar y las lágrimas de abril, Christian nos ha permitido vislumbrar su universo personal más íntimo, como corresponde a la poesía en su sentido primigenio, y ser testigos de sus inquietudes, desvelos, alegrías... de su concepción vital, de su percepción temporal, de sus afectos, de todo lo que es propio del ser humano, independientemente de su condición y circunstancias.
Con honda calma y a pecho descubierto transita por su biografía como quien sabe de naufragios, pero también como quien es consciente de que siempre hay una tabla de salvación a la que asirse.
CHARO GUARINO
(Fragmento del epílogo)