ESTE JUEGO ES INFINITO. 64 SONETOS AJEDRECÍSTICOS

ESTE JUEGO ES INFINITO. 64 SONETOS AJEDRECÍSTICOS. 64 SONETOS AJEDECÍSTICOS

Editorial:
POESIA ERES TÚ EDITORIAL
Año de edición:
ISBN:
978-84-17754-33-4
Páginas:
96
Encuadernación:
RÚSTICA
Colección:
POESIA
Disponibilidad:
RECÍBELO EN 72H

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“El poemario Este juego es infinito es de una originalidad y singularidad extraordinarias, es una espléndida isla del soneto que brilla con luz propia en el mar de la actual Poesía española. El título sale de un verso de Borges, que escribió dos bellos sonetos inspirados en el ajedrez. Este juego se convierte en un magnífico pretexto poético para crear profundas y acertadísimas alegorías. Bien podría decirse que el soneto es como una partida de ajedrez que el poeta tiene que jugar a corazón abierto, y el ajedrez es un trasunto metafórico de todas las glorias y miserias humanas”. (Del prólogo de David Coll).



EL AUTOR:

Francisco Delgado-Iribarren Cruz nació en Valencia en 1985, aunque ha vivido en Madrid casi toda su vida. Juega al ajedrez desde los 5 años y a la poesía desde los 16. Como escritor ha cultivado muy diversos géneros y ha publicado nueve libros, que pueden encontrarse fácilmente en internet. Ha trabajado como periodista y como conductor privado, entre otras ocupaciones. Es licenciado en Derecho, diplomado en Relaciones Internacionales y Máster en Periodismo.

Además de poesía, tiene libros de viajes (una de sus grandes pasiones), una novela corta, una compilación de columnas de opinión, y un diccionario de palabras inventadas. Desde hace una década recita sus poemas en la tertulia Versos Pintados del Café Gijón. Ha escrito varias obras de teatro, una de las cuales dirigió y estrenó con el Grupo de Teatro Comillas.

En 2018, mientras Iribarren residía en Londres, tuvo un sueño en el que jugaba una partida de ajedrez contra Karpov. El Gran Maestro ruso le puso la condición de que, si el escritor perdía, debía escribir un soneto por cada escaque del tablero. “¿Y cómo lo titularé?”, preguntó Francisco. Entonces se le apareció Borges y le susurró: Este juego es infinito.