Anita no quiere comer sopa. Cuando aparece un travieso diablillo y le da ideas sobre cómo deshacerse de ella, la niña creerá haber encontrado la solución perfecta. Pero hay un pequeño detalle con el que no ha contado… A través del humor, “¡Hay un diablillo en mi sopa!” enseña a no hacer caso de los malos consejos.