La neurociencia ha transformado nuestra comprensión de las emociones, demostrando que sentir no es solo una cuestión del corazón sino también del cerebro, que estas, las emociones, no son un obstáculo para la razón, sino parte esencial de todo ser humano. Que lejos de ser simples reacciones instintivas, son procesos complejos que integran la actividad de las áreas cerebrales, influyendo en la toma de decisiones, la memoria, la motivación y hasta en la salud física y mental, y ayudan a los seres humanos a tener una vida más equilibrada.
En este orden de ideas, se ha demostrado que el cerebro influye en la vida emocional. Hoy sabemos que el hipotálamo, el hipocampo y la corteza prefrontal trabajan en conjunto para generar y regular las emociones. Así también, la amígdala actúa como un sistema de alarma, detecta el peligro y desencadena respuestas automáticas de miedo o defensa. El hipocampo, por su parte, conecta las emociones con la memoria, permitiendo que ciertos recuerdos tengan una carga afectiva más intensa que otra. La corteza prefrontal izquierda tiene una función especial al c