PETIT VILÀ, MARGARITA;PRAT TORDERA, MONTSE
Clara era una chica joven, madre de un bebé que se había quedado con la abuela. Tenía la cara y los brazos llenos de contusiones que más tarde serían hematomas. Apenas podía hablar, tan solo lloraba discretamente. Su padre estaba desolado y ella tenía una mirada tan triste que todavía no la he olvidado. Fue durante el turno de noche, Regina tenía 19 años y su novio la había lanzado del coche en marcha. Me conto que él era celoso y muy impulsivo, pero que la culpa era suya por haber flirteado con los amigos. Mi novio está muy enamorado de mí y me quiere mucho, no quería hacerme daño, me decía. Todo su cuerpo estaba lleno de contusiones. Aquella vez no le hizo ninguna fractura, pero no era la primera y probablemente tampoco fue la última. La violencia de género aparecía cada vez en chicas más jóvenes. Cuando esto ocurría en el hospital nuestro sentimiento de impotencia crecía. Qué iba a ser de Clara o Regina si continuaban pensando que su novio las quería de verdad a pesar de agredirlas. Tras constatar su convencimiento de que el control y los celos son una manifestación de amor, nos preguntamos si e