Cuando un hombre es sometido a juicio, la moral burguesa puede ver en él a un culpable, aunque sea inocente. La justicia divina, por su parte, enfrentada a la naturaleza humana, resulta a veces monstruosamente injusta. Entonces: ¿Quién puede juzgar al hombre? ¿Quién lo absolverá o condenará? ¿Su propia conciencia? Estas son las interrogantes que Kafka busca desantrañar en El Proceso.