Emma está descubriendo la playa por primera vez cuando su amigo Álex le revela un secreto:
si excavan lo suficiente en la arena, podrán tocar el mar con los dedos y, como por arte de magia,
la naturaleza les regalará una piscina de mar.
Con entusiasmo, los dos niños se ponen manos a la obra y en el proceso, reciben la visita
de curiosos habitantes del entorno.