Desde tiempos inmemoriales hasta bien entrado el siglo XIX los materiales empleados en la construcción de edificios fueron, madera, piedra, ladrillo, y morteros diversos. Estos materiales sirvieron para desarrollar las construcciones egipcias, persas, griegas, romanas, románicas, góticas, bizantinas, renacentistas, barrocas, neoclásicas, e incluso parte de las neogóticas.
La aparición del acero como material de construcción a finales del siglo XVIII y su empleo extendido a finales del siguiente siglo, así como la del hormigón armado introducido a principios del siglo XX, dieron lugar a una forma de construir que hizo retroceder el empleo de los materiales tradicionalmente usados hasta esas fechas para las estructuras.
Los avances en la teoría de la elasticidad durante el siglo XVIII y XIX, permitieron un uso más racional en los procedimientos de dimensionado, y con ello, propiciaron el olvido de aquellas herramientas de trabajo que permitieron definir las partes de una estructura durante largo tiempo. Ciertamente aquellas antiguas herramientas eran menos sofisticadas matemáticamente que las que