Los Negromonte, familia de empresarios napolitanos sin escrúpulos, gozan de los favores y de la colaboración del poder central (un Presidente que apenas se nombra). Señores indiscutibles de Nápoles, además de pioneros de una nueva economía de rapiña, a los que se les ocurre la delirante idea de comprar la ciudad entera, Golfo y Vesubio incluidos, para convertirla en un enorme parque temático: “Eternapoli”. Una feroz alegoría de la vida napolitana, escenario del abuso y de la vulgaridad de una clase dirigente.