De acuerdo con Ulrich Beck, la sociedad del riesgo nace de la toma de conciencia de un hecho un tanto molesto: que la producción social de riqueza va acompañada sistemáticamente de la producción social de riesgos. El «progreso» de la sociedad moderna habría revelado una cara inesperada, unas consecuencias imprevistas pero insistentes (riesgos tecnológicos, económicos, biográficos...), que ponen en un incómodo compromiso a los modelos jurídico-políticos tradicionales. Más allá de los posibles excesos teóricos del análisis de Beck, el modelo de la sociedad del riesgo alude a un hecho difícilmente cuestionable: el retorno de la incertidumbre al centro de la vida social tras décadas de optimismo sobre la capacidad de generar políticamente confianza (seguridad). Nuestras vidas individuales y políticas parecen girar cada vez más sobre el modo en que interpretamos y negociamos el riesgo y afrontamos las consecuencias imprevistas de la modernidad y de nuestras propias biografías. Una situación de cierta confusión, en la que el Estado trata de afirmarse desesperadamente en su rol protector en ciertas esferas, al tiem